- Cartas al Director
Dictadura
“Una dictadura es un estado en el que todos temen a uno y uno a todos”.
Gula de autócrata
“Siempre que la ley acaba, la tiranía empieza”
(John Locke, Ensayo sobre el Gobierno Civil, Cap. XVIII.
Esto es precisamente lo que el gobierno de Ortega ha venido haciendo con la Constitución y demás leyes del país por las que manifiesta un total irrespeto, prácticamente acabando con ellas. Todo por satisfacer su gula de autócrata, su evidente incapacidad para desempeñar el cargo y más aún su falta de voluntad para resolver los grandes problemas que agobian nuestro país.
Ortega gobierna para garantizar el poder a su incipiente dinastía. Para ello viola la ley, amenaza a la oposición, todo con la descarada complicidad de jueces y magistrados que no contentos con el denigrante papel de partidarizar la justicia, actúan como activistas políticos sin que por ello sientan el menor rubor, vulgarizando así su magistratura.
¡Pobre país! Tan rico en recursos y tan escaso de tribunos que levanten la voz en defensa de su legalidad y de su identidad como nación. A diario vemos cómo los poderes del Estado se prostituyen y lejos de mantener el sistema de pesos y contrapesos que definió Montesquieu, los mismos llevan a cabo la prosquinesis con el gobernante de turno.
El sistema judicial se ha convertido en el principal sicario utilizado por Ortega para someter a la oposición y a los medios informativos. La Contraloría padeciendo el síndrome de Shakira, hace caso omiso de las denuncias de corrupción de este Gobierno, siendo el Consejo Supremo Electoral el peor de todos.
La Asamblea Nacional, que debería de ser la depositaria de esa sacrosanta soberanía popular, se ha convertido en una casa de remate en donde se subastan las voluntades de los diputados. Y en un acto de taumaturgia política, el frentismo pasó de minoría a casi mayoría absoluta con el consabido don de cambiar, modificar y ¿por qué no? de anular la Constitución y convertir a nuestra malograda parcela patria en un estado fallido.
Pavel Molina Cruz
La guerra de las ideas
Torpeza o desespero parece ser una consigna impuesta por el presidente venezolano Hugo Chávez a sus marionetas del Alba. Según él la guerra de las ideas se gana hablando disparates, cerrando medios independientes y amedrentando a los periodistas que no se someten a la autocensura. Tal estrategia tan sólo puede ser aplaudida por el senil dictador cubano, Fidel Castro, que tiene el récord de ser el único en Iberoamérica que ha eliminado por más de 50 años todo vestigio de periodismo independiente.
La guerra de las ideas no se gana silenciando medios de oposición ni aumentando el número de alabarderos, sino reduciendo la pobreza extrema, generando fuentes de empleo, facilitando el acceso de la población a la salud, educación y vivienda, combatiendo la corrupción, aumentando los productos de exportación, etc., lo que requiere libertades públicas y privadas, transparencias electorales, respeto de los derechos humanos, etc.
Roberto Escobedo Caicedo
Beneficiarios del poder
A nivel mundial, la mayor parte de los po-
líticos no ejercen correctamente sus cargos de gobierno. Nicaragua no es ajena a este problema, pero aquí la situación es distinta porque los que se dicen “padres” de la Patria hasta hacen un juramento de servir y desempeñar el cargo para el cual fueron puestos, y es lo que menos hacen.
En los últimos años los diputados solamente han aprobado leyes que en su mayoría son para su propio beneficio e interés y no se ha visto una que conlleve bienestar para la población. Se habla de que la salud es gratuita en todos los centros hospitalarios, pero la atención deja mucho que desear; se menciona que la educación es gratuita pero aún carecemos de calidad. Los diputados sólo hacen politiquerías y nunca están de acuerdo con puntos importantes; no existe diálogo alguno y para disimular su falta de capacidad se escucha repetidas veces que buscan “condiciones claras”, ¿y cuáles son esas condiciones?, ¿por qué mejor no se ponen a trabajar por y para el pueblo?
En otros países, aunque hay corrupción los diputados aprueban leyes que, aunque algunas son para beneficio propio, otras son para el bienestar de su pueblo. Tal es el caso de El Salvador, un país pequeño donde el Gobierno saliente logró reducir la pobreza a un 35 por ciento. Pero aquí, los políticos jamás están de acuerdo en nada, porque no les conviene.
El pueblo no es beneficiario del poder público en ningún sentido; los verdaderos beneficiarios son aquellos que buscan hacerse ricos a costa del sudor de la población. Pero, aunque sea difícil, la lucha ha de continuar. Es una lucha dura, complicada, pero no se echará pie atrás.
La batalla sigue. Aunque el camino sea largo, la victoria será la de quienes ocupen su voz y sus capacidades para salvar al país.
Róger Salinas Gallegos
Novela e Interpol
La más reciente novela titulada El cielo llora por mí, con trasfondo policíaco, del escritor Sergio Ramírez Mercado, refleja la triste realidad que hoy se mal vive entre cuerpos policiales y narcotraficantes en las diferentes naciones del mundo. Algunos jefes de policías desean acabar para siempre con el crimen organizado, trabajando con muy buena voluntad en compañía de sus subalternos.
Esta novela ya fue traducida a varios idiomas y debería contar con el auspicio de la Interpol en sus próximas presentaciones, por ser una muestra de acontecer cotidiano en el campo policial.
Salvador Pérez
El aborto
¿Cómo es posible que con tanta evidencia todavía haya gente que diga que la vida humana puede deshacerse en el vientre materno? ¿Es posible que en el siglo XXI haya gobiernos que apoyen algo semejante, como el de España?
El doctor Bernard Nathanson, en su libro La mano de Dios editado por Palabra, hace un repaso de su vida. Es un testimonio impresionante de un hombre que ha pasado de ser uno de los más feroces médicos abortistas del mundo, a llegar a convertirse al catolicismo y defender con ahínco la vida humana. Comenta que para hacer legal el aborto en Estados Unidos fue crucial la manipulación de los medios de comunicación, todo ello confluyendo en un momento histórico como fueron las convulsas décadas sesenta y setenta.
Debería de haber una figura sobre la cual descargar la ira de los que pretendían negar todo orden establecido en la naturaleza, y esa figura era la Iglesia católica. Manipulando la historia de la Iglesia y su mensaje auténtico de salvación, era el chivo expiatorio perfecto. La máxima con la que se actuaba era de Maquiavelo: “Nada hay más difícil de controlar, más peligroso de llevar o de éxito más incierto, que tomar la delantera en la introducción de un nuevo orden de cosas”.
Pero hay más: Maurice Caillet, en su autobiografía titulada Yo fui masón, de Libros Libres, describe su paso por la masonería francesa. Como Nathanson, también es médico, y ha sido amenazado de muerte por sus “ex hermanos” de las logias. A mi juicio la masonería tiene como objetivo directo destruir al ser humano yendo directamente a la institución que más defiende al ser humano: la Iglesia católica. De manera que, como dice Caillet, las leyes del aborto en Francia se confeccionaron en las logias masónicas, dado que buena parte de los dirigentes franceses eran masones.
Así que ya tenemos establecido porqué esa confabulación diabólica: sólo puede explicarse teniendo en cuenta la existencia del Maligno, que es asesino desde el principio. Ya lo dice Nathanson: su clínica abortiva era una cuadrilla de delincuentes profesionales.
José Antonio Calvo.
Turbas quietas
Ortega Saavedra y el FSLN no sacaron a sus pandilleros para agredir a los que participaron en la marcha del domingo pasado en Masaya contra el fraude electoral, porque esperan que la comunidad donante les descongele los fondos retenidos. Si les desembolsan esos recursos suspendidos, volverán nuevamente a las andadas. También hay que tomar en cuenta que la actitud de los “rezadores” en huelga de hambre y las quejas de jefes de pandillas que no les han cancelado todavía sus “honorarios” por atacar con morteros, piedras y garrotes a los que protestaron antes contra el fraude en Managua y León, ha hecho que disminuya notablemente el número de personas que están dispuestas a prestarse a tan bajos menesteres.
Debe insistirse en la destitución de los magistrados electorales y respaldar al abogado Gustavo García Prado, quien ha solicitado se investigue la procedencia del capital de Roberto Rivas Reyes, presidente del CSE.
Casimiro Cervantes Solórzano