El placer de un beso

A través del beso se pueden transmitir bacterias, pero también se estimula la higiene bucodental y se reducen las caries A raíz de la gripe A (H1N1) una de las medidas sugeridas fue la de no besar al menos por un periodo de 3 meses. ¡Socorro!, pensé, pero no en el sentido de ser un […]

A través del beso se pueden transmitir bacterias, pero también se estimula la higiene bucodental y se reducen las caries

A raíz de la gripe A (H1N1) una de las medidas sugeridas fue la de no besar al menos por un periodo de 3 meses. ¡Socorro!, pensé, pero no en el sentido de ser un Don Juan, sino debido a la costumbre de saludarnos, sin distinción de edad, con un beso en la mejilla cuando nos encontramos, por ejemplo, a alguna compañera de trabajo.

¿Desde cuándo la tradición del beso? Culturalmente toda una tradición casi genética, que se transmite de abuelos, a padres, a hijos. No hemos encontrado datos concretos ni precisos, pero por lo visto —siempre los griegos son los primeros— 500 a. de C., cuando los hombres se reunían a platicar y a tomar vino, al regresar a sus casas, las esposas les probaban la boca para saber si habían bebido (¡guácala!). Otra versión histórica resulta cuando la mujer del Cromagnon alimentaba a sus chigüines masticando la comida hasta hacerla puré que luego pasaba de su boca a la de su pequeño.

En esta parte del planeta Tierra, cuando nos saludamos solemos darnos un beso —labios versus mejilla— donde sólo en la expresión del beso se mueven o participan doce músculos faciales, no siendo igual costumbre en los Estados Unidos, donde los padres suelen besar a los pequeños en la boca; los ex soviéticos hombres solían besarse en la boca (¿?); qué decir de los esquimales, donde el beso equivale a frotar sus narices unas con otras; los franceses por su parte suelen dar besos en ambas mejillas; hay quienes besan en la mano, en señal de respeto.

Estudios realizados por bacteriólogos plantean que un beso en la boca solo en 10 escasos segundos puede deparar la transferencia de unas 350 bacterias, si sus efusivos protagonistas son personas saludables, además de aumentar los latidos del corazón de 70 a 150 por minuto. En caso contrario, si por lo menos uno de ellos tiene caries, anginas o bronquitis, el traspaso de insidiosos microorganismos podría multiplicarse por diez.

Pero está la otra cara de la moneda. La existencia de una ciencia que estudia los besos, llamada Filematología, señala que un beso es capaz de generar una gran cantidad de químicos, como son las endorfinas, que causan una agradable sensación, de bienestar. Otros químicos, como la noradrenalina y la feniletilamina, estimulan el buen humor y en el caso del cortisol (hormona) reduce el estrés. Luego, si en este momento tiene su tapaboca, queda a su riesgo. ¿Besar o no besar?, ésa es la cuestión. ¿Shakespeare? No, usted.

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