- Cartas al Director
Vida
“La vida es muy peligrosa. No por las personas que hacen el mal, sino por las que se sientan a ver lo que pasa”.
Ley de Costas
Los diputados de la bancada sandinista de la Asamblea Nacional y los que les hacen el juego han tergiversado el sentido y funcionalidad de una verdadera Ley de Costas. Ésta tiene que dejar bien establecido lo que se entiende por servidumbre de protección, servidumbre de tránsito, servidumbre de acceso al mar, etc.
La primera es en las legislaciones de otros países de 30 metros, comprendidos donde terminan las olas y el lugar en que se inician las construcciones de casas y complejos turísticos. La segunda es el área donde pueden circular vehículos, si los permiten las regulaciones de tránsito. La tercera es la que prohíbe la existencia de cercos o vallas que impidan el acceso al mar y a caminar sobre la costa, pero no impide que existan cercos entre lote y lote.
Hay demasiados intereses en juego entre los capitalistas sandinistas y los alcaldes del mismo partido, lo mismo que las empresas constructoras del IPSM. No hay que tolerar una Ley de Costas confiscatoria.
Roberto Escobedo Caicedo
Fondos disfrazados
Es sorprendente que para mejor disfrazar todos los desembolsos que no pueden justificarse, desde un punto de vista ético y moral, tanto los sandinistas como sus aliados recurren al calificativo de “sociales”. Así tenemos las tarifas sociales de servicios públicos, los servicios de asistencia social con los recursos de los trabajadores asegurados con el INSS, los préstamos sociales concedidos por el INSS a las empresas constructoras del IPSM, los garrotazos sociales propinados por los pandilleros a los que protestan por el fraude electoral y, finalmente, la partida para servicios sociales asignada a los diputados, que ascienden a la bicoca de 420 mil córdobas a cada uno de ellos, sin que nunca rindan cuentas.
Eso de las becas que dan a los estudiantes está para Pancho Madrigal, porque los recomiendan a los ministros y presidentes de entes autónomos. Debe eliminarse y fortalecer las partidas para sectores sociales que aparecen en el Presupuesto General de la República.
Casimiro Cervantes Solórzano
¿Democracia directa?
Escuchar en los distintos medios informativos al binomio Ortega-Murillo hablar sobre su gobierno de “Pueblo Presidente” como el prototipo de una democracia directa, en la que ellos, como representantes del “poder ciudadano”, actúan respondiendo a las demandas y exigencias del clamor popular, resulta bochornoso y hasta ridículo.
Es una soberana demagogia pregonarlo, ya que sólo los serviles cómplices de los actuales gobernantes lo aceptan como una verdad indiscutible; mientras que las personas que pueden diferenciar entre lo que dicen y lo que hacen estos dictadores saben que Ortega y sus cómplices toman decisiones y actúan de acuerdo con sus intereses personales; que las decisiones a mano alzada, que simulan hacer en las concentraciones públicas del partido FSLN y en las asambleas partidarias, nunca han sido sometidas a consulta de las asambleas populares de barrios y de las asambleas partidarias, como tampoco lo han sido los programas y proyectos de beneficio social como: Hambre Cero, Usura Cero, Casas para el Pueblo, etc., mucho menos crear estrategia sobre su actuar en las relaciones internacionales que tanto daño le están causando a la población más necesitada…
¿Cuándo escucharemos a Ortega que está dispuesto a realizar un diálogo nacional para buscar la reconciliación del pueblo alrededor de su gobierno?
Es muy fácil decir que en su gobierno se practica la democracia directa y que son verdaderos servidores del pueblo oprimido; que ellos por mandato de sus bases partidarias no permiten que los “oligarcas” del neoliberalismo se tomen las calles y que representan el auténtico poder popular, pero se contradicen en su forma de actuar, ya que viven en la opulencia y no sufren de las privaciones y necesidades de ese pueblo que está siendo afectado por sus desaciertos en la política nacional e internacional.
Fulvio Tijerino Pérez
Evangélicos y democracia
A raíz del fraude electoral efectuado por el FSLN con la complicidad de los magistrados electorales del PLC en las pasadas elecciones municipales, y luego de la represión criminal practicada por el partido de gobierno en contra de quienes protestamos públicamente por el robo de la voluntad popular, junto a miembros de mi familia y un grupo de amigos, tomamos la decisión de no permanecer inactivos frente a esta grave situación.
Como cristianos protestantes de II, III y IV generación, descendientes de una de las familias fundadoras del evangelismo (Terencio García y Dolores Macías. Masaya 1909); y sin miedo a equivocarnos, una de las más influyentes en el desarrollo de la obra en Nicaragua, sabemos lo que significa para un pueblo vivir en libertad y democracia.
Por otro lado, nuestra fe nos manda a no permanecer inertes frente a la opresión del pueblo; por ello, hemos decidido defender estos principios junto al liderazgo del Partido Liberal Independiente (PLI), del licenciado Eduardo Montealegre y el ingeniero Enrique Quiñónez, quienes ya se encuentran enterados y complacidos al respecto.
En este sentido, han delegado en mi persona para presidir este movimiento denominado Evangélicos por la Democracia, con el que pretendemos movilizar al pueblo evangélico (30 por ciento de la población total) a favor de la propuesta del Montealegre, a quien consideramos ha dado muestras de tener verdadero interés en restituir la democracia nicaragüense.
Solicito tu opinión, criterio o aportes al respecto; email: [email protected]; celular: 8475-8197.
Chéster Membreño
Impuestos y oportunidad
La cantidad de dinero que el Departamento del Tesoro (Ministerio de Hacienda) de los Estados Unidos tendrá que conseguir prestado en el mes de julio es 500 mil millones de dólares, según nos informa el economista Stephen Moore, del Wall Street Journal.
Si calibramos esa cantidad, resulta que el Gobierno federal gastará 190,000 dólares cada segundo del mes de julio. ¿Puede alguien ofrecer un préstamo por lo que el Gobierno gasta cada segundo? ¿Es, acaso, posible imprimir billetes de 100 dólares a tal velocidad?
Los gastadores a manos llenas en Washington asumen que el uno por ciento más rico del país se seguirá sacrificando para que el Gobierno pueda pagar su inmensa deuda. Después de todo, ese uno por ciento de la población, que tiene los mayores ingresos, paga casi el 40 por ciento de todos los impuestos. Entonces, ¿por qué no van a poder contribuir con 190,000 dólares cada segundo durante el mes de julio?
La respuesta es que no lo podrán hacer o, al menos, casi están alcanzando ese punto. Cuando los impuestos son tan exageradamente altos, la gente muy rica se dedica a proteger sus bienes, a conseguir refugios y paraísos fiscales y no a buscar nuevas oportunidades de inversión. Cuando eso sucede, cae el empleo y aumenta la recesión.
Sabemos que así sucede, porque eso fue exactamente lo que pasó en los años treinta del siglo pasado. Cuando la tasa tope del impuesto sobre la renta alcanzó 63 por ciento y, luego, 79 por ciento, desapareció la contratación de trabajadores.
El presidente Franklin Roosevelt trató, entonces, de aumentar el impuesto a las empresas y luego trató de imponer un impuesto a ganancias no distribuidas por las compañías.
El resultado fue que el desempleo superó el 20 por ciento, cifra que no había alcanzado nunca antes ni se ha repetido desde la Gran Depresión. Cuando ya no había más gente rica que pagara impuestos, Roosevelt comenzó a subirle los impuestos a la clase media y a los de bajos ingresos.
Durante la década de los años cuarenta se bajó el nivel de ingresos requerido para pagar impuesto sobre la renta y se introdujo la retención de impuestos a los salarios, de manera de que el Gobierno pudiera satisfacer su apetito mensualmente, en lugar de una vez al año.
Desde entonces, no son solamente los ricos quienes pagan impuestos sobre la renta, sino prácticamente toda la población.
Y aquellos que contaban con aprovecharse de los beneficios que pagarían los ricos terminaron pagando por los beneficios conseguidos por quienes tienen mejores contactos políticos o pueden contratar a los cabilderos más efectivos.
Burt Folsom