- Para acabar con la violencia
Las pandillas “Mara Salvatrucha” (MS) y “Mara 18”, las más grandes que operan en El Salvador, plantearon ayer al presidente electo, Mauricio Funes, la posibilidad de abrir un diálogo que permita acabar con la violencia.
La Fundación de Estudios para la Aplicación del Derecho (Fespad), una organización no gubernamental, hizo público un comunicado que se adjudican “personas integrantes” de las dos pandillas y que ha sido motivado por la llegada de “un nuevo Gobierno”.
“Al presidente Mauricio Funes queremos decirle que aunque la tarea por venir parece muy difícil, nosotros también tenemos la esperanza que se tomarán acciones que puedan dar espacios de soluciones a la problemática de la violencia”, indicó el texto.
Los pandilleros manifestaron que quieren “ser parte de los esfuerzos para demostrar que hay formas más inteligentes de resolver problemas” y que están interesados en escuchar las propuestas de Funes, quien el lunes jurará como presidente de El Salvador.
“Queremos pedir que se llame a un diálogo, que se busquen los mecanismos adecuados para que ambas pandillas puedan ser escuchadas y proponer alternativas”, plantearon en el comunicado.
El Salvador registra actualmente un promedio de entre 10 y 12 asesinatos por día, así como un gran número de extorsiones y robos, delitos atribuidos mayoritariamente a las pandillas, según las autoridades de seguridad.
MANO DURA
El actual presidente salvadoreño, Elías Antonio Saca, lanzó en agosto de 2004, año en el que asumió el poder, el “Plan Súper Mano Dura” contra las pandillas, que pretendía intensificar las acciones previstas en el “Plan Mano Dura”, emprendido en junio de 2003 por su antecesor, Francisco Flores.
Los integrantes de la “MS” y la “Mara 18” afirmaron que el Gobierno actual ha pretendido “hacer desaparecer el problema debajo de la alfombra, metiendo a todos a la cárcel sin resolver los problemas de fondo”.
“Nacimos sin mayor esperanza de tener las condiciones de vida mínimas para el desarrollo de un niño o una niña, acostumbrados a la violencia (…), sin educación, salud o estabilidad económica en el hogar”, aseguraron, al reclamar un cambio en las condiciones en que viven muchos adolescentes y jóvenes que ingresan a sus filas.