La transmisión de valores debe ser parte del papel de la televisión
¡Transmitamos lo bueno!
Mientras desayuno, cuando ya tengo previsto lo que quedó pendiente ayer en mi trabajo y lo que tendré que hacer hoy, suelo dar un paseo por los noticieros nacionales e internacionales con el objetivo de medir el “pulso” de cómo se “acostó” y se “levantó” nuestro planeta Tierra. Usualmente las noticias se centran en temas políticos, guerras, huelgas, desastres por fenómenos meteorológicos… y realmente por allá, lejos, lejos, en algo positivo como las personas que realizan acciones para evitar todo lo negativo en lo social, en lo económico, en lo político, en lo ambiental, inclusive en lo geográfico. En fin, situaciones complejas de solucionar en un mar de contradicciones donde habitamos ya casi más de siete mil millones de habitantes. Y entre nosotros, cuando solamente somos casi seis millones, ¿qué pasa? Tal vez lo mismo, pero a menor escala.
Sin embargo, solemos “engrandecernos o promocionarnos” por el lado equivocado: Familias que se apedrean, personas agredidas, cuerpos humanos sanguinolentos y cuyos miembros se observan (no en una clase de anatomía) dispersos en calles polvorientas y oscuras. Y para colmo, grupos de niños y niñas ven asustados lo que morbosamente presenta la televisión. Y como antivalor agregado, los padres de los chigüines están al lado de ellos y ellas viendo el noticiero como si fuese una película para todas las edades.
Lo antes relatado, desgraciadamente, sucede cada día con el despertar, y pienso que hoy las cosas saldrán mejor que ayer. Grave error sería decir, y peor aún entender, que estos hechos desagradables transmiten un mensaje educativo.
Luego, ¿qué es lo que se desea inculcar con lo anterior? Simple: la violencia genera violencia. A eso súmele: desunión familiar, falta de respeto a la privacidad, carencia de relaciones interpersonales, bajo nivel educacional. En resumen: hacer fiesta con la miseria humana.
La problemática que surge sería la siguiente: ¿Es correcto seguir permitiendo esto que se enmascara en la “democracia” o en “la libertad de expresión”? ¿Es que acaso los nicaragüenses somos así? Por lo visto, en parte, sí. No se puede negar lo observado. ¿Solución? La palabra mágica: Educación. ¿Cuál ha de ser el papel de la televisión? Su papel es la transmisión de valores, de los logros en las diferentes esferas de la sociedad, destacar las contradicciones y los errores para luego hacer reflexiones que nos hagan pensar sobre lo bueno, para sacar nuestras propias conclusiones y tener espacio dónde verterlas, ¡enhorabuena!
¿No hay acaso estudiantes, cuyos resultados oscilan entre 95 y 100 puntos? Los hay en cualquier parte de nuestro territorio, sin distinción entre instituciones públicas y privadas, inclusive fuera de nuestro país. ¿Sabía usted que nuestros estudiantes construyen casas para personas de escasos recursos?, ¿que compiten en eventos de carácter internacional en temas de debate y obtienen logros? Esas noticias sí deberían repetirse una y otra vez hasta la saciedad. Aclaro, la idea no es ocultar lo negativo de nuestra sociedad, sino combatirlo transmitiendo mensajes que coadyuven a ser mejores cada día.