- En caso de presunto delito de trata de personas, en Rivas
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CORRESPONSAL / RIVAS
Defensores y familiares del sueco Bruno Donatti, y de la rivense Josefina del Carmen Dávila González, aún conservan sus esperanzas de revertir la condena de 19 años de prisión que dictó la juez de Distrito Penal de Juicio de Rivas, Ivett Toruño Blanco, por el presunto delito de trata de personas con fines de explotación sexual.
Telma Vanegas, abogada de Donatti y de González Dávila, apeló ante la juez Toruño, quien debió remitir dicho caso al Tribunal de Apelaciones de Granada. En la apelación presentada por Vanegas, la abogada alega que la supuesta víctima, A.G.B., de 19 años, nunca llegó al empleo que le habían ofrecido, “y tampoco hay grabaciones o pruebas contundente que demuestren con claridad que el trabajo era para prostituirse; toda la acusación está basada en supuestos y conjeturas, no hay pruebas concretas”, dijo Vanegas.
La defensora de Donatti y Dávila sostuvo que el colmo fue que durante el juicio se demostró que ni la Policía ni el Ministerio Público asumieron su obligación de consultar con sus similares de Costa Rica (Fuerza Pública, Ministerio Público u Organismo de Investigación Judicial) “para indagar si realmente la casa de residencia de Bruno Donatti en Playas del Coco, Guanacaste, Costa Rica, era o no una casa de citas”.
Don Marciano Morales, de 43 años, originario de Rivas, quien tiene 24 años de convivir con Josefina del Carmen Dávila González, dijo que espera que se haga justicia en el caso del sueco Donatti y su esposa, y considera que todo es un montaje hecho por la Policía y la Fiscalía, “condenando injustamente a estas dos personas”, manifestó.
SALE EN DEFENSA DE SU ESPOSA
Morales dijo que en el 2005 viajó a Costa Rica, junto con su esposa Dávila González, con el fin de recoger dinero para pagar una deuda que tenían con una microfinanciera, y fue en ese año que conocieron a Donatti, “un hombre minusválido, que se movilizaba con muletas, de nacionalidad sueca, que vive en Playas del Coco. Mi esposa fue la primera que trabajó para él, como doméstica, y le pagaban 200 dólares; y como dos meses después me dio trabajo a mí, como guarda de seguridad y chofer eventual, y le juro que yo nunca vi que se prostituyeran mujeres, si no yo nunca hubiera dejado a mi esposa trabajar ahí”, expresó Morales.