Newton y el amor

¿Qué tiene que ver el amor con la tercera Ley de Newton? Aclaremos algunos términos o conceptos que favorecen la mejor comprensión del artículo o columna de hoy. ¿Newton? Sir Isaac Newton (4 de enero, 1643-31 de marzo, 1727) fue un científico, físico, filósofo, inventor, alquimista y matemático inglés, autor de los Philosophiae naturalis principia […]

¿Qué tiene que ver el amor con la tercera Ley de Newton?

Aclaremos algunos términos o conceptos que favorecen la mejor comprensión del artículo o columna de hoy. ¿Newton? Sir Isaac Newton (4 de enero, 1643-31 de marzo, 1727) fue un científico, físico, filósofo, inventor, alquimista y matemático inglés, autor de los Philosophiae naturalis principia mathematica, más conocidos como los Principia, donde describió la Ley de Gravitación Universal y estableció las bases de la Mecánica Clásica mediante las leyes que llevan su nombre.

Hay científicos que lo consideran: “El más grande genio que ha existido y también el más afortunado, dado que sólo se puede encontrar una vez un sistema que rija el mundo”.

¿Sus leyes? La ley de la inercia: “Todo cuerpo preservará en su estado de reposo o movimiento uniforme y rectilíneo a no ser que sea obligado por fuerzas impresas a cambiar su estado”, es decir, se afirma que un cuerpo sobre el que no actúan fuerzas extrañas (o las que actúan se anulan entre sí) permanecerá en reposo o moviéndose a velocidad constante. La ley de la ley de la interacción y la fuerza: “El cambio de movimiento es proporcional a la fuerza motriz impresa y ocurre según la línea recta, a lo largo de la cual aquella fuerza se imprime”; la misma fundamenta las condiciones necesarias para modificar el estado de movimiento o reposo de un cuerpo. Y al fin llegamos a la tercera ley o ley de la acción y la reacción, la cual expresa que “con toda acción ocurre siempre una reacción igual y contraria; las acciones mutuas de dos cuerpos siempre son iguales y dirigidas en sentidos opuestos”. ¿Y qué tendrá que ver el amor con todo esto, se preguntará usted?

Hagamos un análisis comparativo de lo que hace un instante analizado: “… las acciones mutuas de dos cuerpos (hombre y mujer) siempre son iguales y dirigidas en sentidos opuestos”. ¿Y esto último, cómo evidenciarlo en nuestras vidas? Mediante los gustos, deleites o placeres que implica el amor. Deténgase un momento, haga un alto y mire a su esposa: ¿Qué tiene de diferente? Usted alto, ella baja de estatura; sus ojos color café, los suyos azules. Ella delgada, cintura estrecha, usted algo panzoncito (por supuesto no era así cuando posiblemente se casaron) su piel más clara, la de ella mestiza (sentidos opuestos); ella estudiosa, él casi vago; ella se maquilla, cuida su rostro y su apariencia (cero arrugas), él barbudo con la intención de mostrar su permanente virilidad; ella discute con su madre, él ama a su suegra.

¿Hasta aquí le queda alguna duda de mi hipótesis? Reforcemos, pues: a ella le gustan las novelas, a él le gustan las películas de acción; a ella el gallo pinto con tacos de pollo, a él, el chancho con yuca. Pero no siempre se cumple al pie de la letra, la ley, ¿o sí?: Ella le gusta a él y viceversa (… las acciones mutuas de dos cuerpos siempre son iguales).

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