En 1991 se celebró aquí el Torneo Centenario de Beisbol. Así que se supone entonces que el juego llegó a nuestro país en 1891, once años antes que a Corea, a donde un misionero americano lo llevó en 1902.
Aquí el beisbol creció y se jugó profesionalmente en los 50 y 60. En Corea no se hizo sino hasta en 1982, cuando se creó la Organización Coreana de Beisbol, que dirige el torneo rentado con ocho clubes.
Pero mientras Corea se batía anoche en la final del Clásico ante Japón, Nicaragua miraba el juego por televisión y sin esperanzas de ser tomada en cuenta en un futuro cercano.
Estamos claros que entre los coreanos y nosotros hay una gran diferencia en torno a las condiciones de las cuales se dispone.
Sin embargo, lo más grave es que aquí no sólo carecemos de los recursos e instalaciones para el beisbol, sino de planes e ideas para cambiar la realidad.
Nunca hay que desestimar el asunto del dinero. De hecho, es el factor clave para llevar a cabo cualquier proyecto. El problema es que aquí ni siquiera tenemos un proyecto.
Pero la más grande diferencia está en la actitud, disciplina y el compromiso. Estos asiáticos han dado una lección de trabajo en serio, quitándose de encima a países de gran tradición y han modificado los estereotipos del juego.
Han probado que no sólo los grandes pueden tener éxito en el beisbol. Lo tienen quienes disponen del talento y disciplina para desarrollarlo, y del compromiso con su país. Japón y Corea merecían los reflectores anoche y los tuvieron.