- Australianos regresan a casas hechas cenizas
La Policía investigaba ayer nuevos casos de incendios provocados y pillajes en el sureste de Australia, mientras los residentes de los poblados calcinados por los peores incendios forestales en la historia de esa nación regresaron a sus casas por primera vez y encontraron escenas de devastación absoluta.
Los bomberos expresaron su preocupación por la presencia de ladrones que saquean las propiedades abandonadas en la zona del desastre.
“Hemos recibido informaciones sobre pillajes y algunos bomberos y ciudadanos aseguran haber visto a personas sospechosas en sus vecindarios”, afirmó un policía.
Miles de bomberos, la mayoría voluntarios, seguían luchando ayer, tratando de apagar 23 incendios que continúan ardiendo.
Algunos habitantes desconcertados comenzaron a cruzar los cordones policiales para ver con sus propios ojos lo que queda de ciudades como Kinglake y Flowerdale, sumidas en el infierno del fin de semana.
“¿Por dónde comenzar?, ¿por dónde comenzar?”, preguntaba Peter Denson, parado entre las ruinas de su casa en Kinglake, donde al menos 39 personas murieron y el poblado quedó destruido en su totalidad durante el infierno del sábado.
Denson, un carpintero, ha vivido en Kinglake desde 1977. Señaló que quiere reconstruir, pero su casa, ahora un montículo de madera, ladrillo y metal torcido, no estaba asegurada porque él no podía pagar tal seguro.
“Es como si una enorme bomba atómica hubiera explotado”, comparó Denson.
Muchos residentes regresaban a las zonas más afectadas para examinar sus casas y buscar a sus mascotas y otros animales dejados en el lugar.
La Policía dijo ayer que especialistas en incendios premeditados completaron la etapa inicial de sus investigaciones y concluyeron que hubo seis fuentes principales del incendio del sábado, al menos dos de ellas bajo sospecha de ser un acto criminal.