(LA PRENSA/ URIEL MOLINA)

El viaje de Armenio y Josefina

¡Ay amor, ya no me quieras tanto! es el fruto de la pasión teatral que Lucero Millán lleva dentro desde hace muchos años. Inclinación que comparte con su compañero de andanzas, René Medina. En esta obra, usted los verá actuar en un viaje lleno de descubrimientos [doap_box title=»TOME NOTA:» box_color=»#336699″ class=»archivo-aside»] ¡Ay amor, ya no […]

  • ¡Ay amor, ya no me quieras tanto! es el fruto de la pasión teatral que Lucero Millán lleva dentro desde hace muchos años. Inclinación que comparte con su compañero de andanzas, René Medina. En esta obra, usted los verá actuar en un viaje lleno de descubrimientos
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¡Ay amor, ya no me quieras tanto! se estrena el jueves 12, viernes 13 y sábado 14 de febrero en la Sala de Teatro Justo Rufino Garay. Solamente el jueves se les dará prioridad a quienes tengan invitación.
La obra empieza a las 7:30 p.m. y la entrada cuesta 120 córdobas general y 60 córdobas para estudiantes con carnet.
La obra continuará presentándose todos los fines de semana de febrero y marzo, siempre en el Teatro Justo Rufino Garay, a las 7:30 p.m. y con el mismo valor de admisión.

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Josefina y Armenio no se conocen. Se miran con desconfianza. Ella carga un viejo saco con todas sus pertenencias, él un maletín rectangular color café. Tendrán que compartir un largo viaje en un tren en el que ambos conocerán un poco de sus tristes y simplonas vidas. Dos personajes comunes y corrientes. Carentes de afecto. “Los dos buscan cosas distintas: ella un lugar tranquilo donde pueda dormir y descansar y deshacerse sin dolor de su carga; él busca una estación en la cual pueda finalmente bajarse para recuperar su dignidad”, explica Lucero Millán. Ella le dio forma y vida a estos personajes en el papel y también , junto a René Medina, los llevará hasta el escenario.

Escrita por Millán ¡Ay amor, ya no me quieras tanto! es una búsqueda artística de su autora y de quienes la han montado.

La historia nació de la fascinación que Millán sintió desde niña por los viajes y el significado que éstos tenían en la vida de las personas: “Los viajes me dejaban una sensación muy particular, entre el miedo a lo desconocido y el reto por descubrir algo nuevo”. De ahí entonces, el contexto en que Josefina y Armenio aparecen, un tren.

Luego, Millán explica que los personajes de la obra, Josefina y Armenio, son “una especie de homenaje a esos seres pequeños, insignificantes, de la vida cotidiana, con los que nos encontramos sin mirarlos siquiera”. Fue por eso que la autora decidió hacer énfasis en la importancia de las cortesías diarias.

En el trayecto del viaje de Armenio y Josefina cuentan historias de amores, de despedidas, descubrimientos y del miedo. “Son seres que han vivido carentes de afecto, seres que han aprendido a costa de golpes y soledades a encontrar su propio camino, en medio del dolor y el abandono”, explica su autora.

Ésta es la segunda obra escrita por Lucero Millán. La primera fue Tiempo al tiempo y con estas dos piezas considera que inicia a dar sus pasos como dramaturga. Cosa nada sencilla.

Así, el actor René Medina hace énfasis en que es un gran mérito atreverse y lograr escribir una obra de teatro. “Considero que es un aporte importante a la dramaturgia nacional”.

Y LA MÚSICA

Una buena obra debe llevar buena música. En ésta, los encargados de poner el ritmo y la voz son Norma Helena Gadea y Eduardo Araica. Millán dice que la música de ¡Ay amor, ya no me quieras tanto! es de calidad. “La voz de Norma Helena es increíble y la musicalización de Eduardo Araica no tiene comparación”.

Pero la obra también tiene un significado especial para sus actores, puesto que Millán, desde que escribió la obra, lo hizo pensando en que Medina y ella pudieran compartir el escenario. “La obra tenía el propósito de darnos el gusto de jugar en el escenario, quería actuar junto René, compañero de largos años de trabajo”.

Sin duda, el viaje es metafórico y hacia la búsqueda de la libertad. Así, usted disfrutará de los diálogos y actuaciones de Josefina y Armenio, pero también descubrirá mensajes importantes como que “las carencias de afecto pueden modificar las actitudes del mundo entero”, concluye Millán.

Pero esta obra también es motivo de orgullo para el grupo de Teatro Justo Rufino Garay, pues decidieron que ellos trabajarían por cuenta propia. Todos fueron parte del proceso y se sienten satisfechos. “Creemos en nosotros y tenemos suficiente experiencia”, expresa Millán.

El diseño de luces fue hecho por Millán y Félix Gutiérrez.

La realización de la escenografía es de César Acosta.

El sonido está a cargo de Amanda Polo, los efectos sonoros son de Daniel Querol, mientras que la tramoya está a cargo de Jhosay Peralta.

Los asistentes de dirección son Amanda Polo y Jhosay Peralta.

La dirección artística es de Millán y Medina, a la vez que están en el escenario.

El vestuario y la utilería la hicieron entre todos.

Cinco meses les tomó montar la obra. El equipo está contento. Ha sido un trabajo duro, costoso, constante y “sin apoyo del Estado”, agrega Medina.

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