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LA HABANA/ AFP
El líder cubano, Fidel Castro, dio un paso al lado al asegurar que no quiere interferir en el trabajo del gobierno de su hermano Raúl, ni con sus opiniones ni con su propia muerte, en un año donde el presidente debe impulsar cambios y celebrar el crucial congreso del Partido Comunista.
“He reducido las Reflexiones (artículos de prensa) tal como me había propuesto para el presente año, a fin de no interferir ni estorbar a los compañeros del Partido y el Estado en las decisiones constantes que deben tomar”, dijo en un comentario publicado este viernes.
Castro, que lleva dos años y medio alejado del poder por enfermedad, afirmó, tras semanas de rumores de su salud, que está bien, pero insistió en que ningún dirigente debe “sentirse comprometido” por sus reflexiones ni por una eventual “gravedad o muerte”.
Según el líder de 82 años, quien rigió los destinos de Cuba por casi medio siglo, la dirigencia de la revolución debe enfrentar “dificultades objetivas derivadas de la crisis económica mundial”.
Raúl Castro habla de los retos impuestos por la crisis, pero también de corregir errores propios de la Administración de la economía, incluyendo el exceso de subsidios y el igualitarismo salarial que rigió por décadas sin tomar en cuenta el rendimiento laboral.
Desde que en julio de 2006 asumió el mando de forma interina y sobre todo a partir de febrero que tomó la Presidencia formalmente, Raúl, de 77 años, emprendió cambios que, según algunas percepciones, van a contrapelo de lo hecho por Fidel.
Eliminó prohibiciones como el acceso de los cubanos a hoteles o compras de celulares y computadores, levantando expectativas de cambio en la economía y la sociedad, que la población sigue esperando, pues el desastre de 10,000 millones de dólares causado por ciclones en 2008 frenó esos propósitos, según funcionarios.
COMUNISMO NO FUNCIONA
“Numerosas absurdidades administrativas, causadas por una excesiva burocratización, empiezan a desaparecer (…) el comunismo deja de ser un objetivo. La realidad y la práctica han demostrado que no funciona. Y el pragmatismo impone una evolución del socialismo cubano”, dijo en un artículo el periodista franco-español Ignacio Ramonet, amigo de Fidel Castro.
Los cambios, según académicos cubanos, deben estar estudiados, ensayados y discutidos en el último trimestre del año, cuando se celebre el esperado Congreso del Partido Comunista, que debe aprobarlos y convertirlos en líneas de desarrollo para los próximos cinco años.
Desde su posición de francotirador en la prensa, pero también con el peso de su liderazgo y de ser aún primer secretario del PCC, Fidel ha objetado algunas líneas de acción, por lo que críticos y detractores lo consideran un freno para las reformas emprendidas por Raúl.
Fidel tildó de hipócrita a la Unión Europea cuando levantó sanciones contra Cuba, algo en lo que el gobierno de Raúl Castro se empeñó, y dejó sentada su posición sobre las reservas a dos pactos de derechos humanos que firmó su hermano, así como también sobre algunas de las pautas de consumo liberadas en el último año.
Muchos en Cuba dudan que Castro pueda abstenerse de participar de alguna forma en la vida cotidiana de la isla.