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Henderson hacia el Salón
MLB.com/ OAKLAND
Rickey Henderson dio más cuadrangulares abriendo juegos que cualquiera en la historia de Grandes Ligas, con 81. Pero también tuvo excelente vista en el plato, una gran habilidad para leer los movimientos de los lanzadores y receptores, más la capacidad de llegar a máxima velocidad con unos pocos pasos.
El patrón siempre estuvo claro. Henderson seguía una de sus 2,190 bases por bolas de por vida —segundo en la lista de todos los tiempos— con una de sus 1,406 bases robadas (número uno en la historia). A veces se robaba no sólo la segunda, sino también la tercera base.
Y después de alcanzar la tercera cuando el segundo bate seguía en la caja de bateo, Henderson anotaba con un rodado al lado derecho del cuadro, o un elevado de sacrificio, con una de sus 2,295 carreras —también número uno en la historia—.
Siempre fue conocida como una “carrera de Rickey” (Rickey Run). Es gran parte del legado de Henderson, quien se encuentra en el boleto para el Salón de la Fama por primera vez este año.
Henderson, un ex jardinero Guante de Oro que bateó .279 de por vida con porcentaje de embasarse de .401, 297 jonrones y 1,115 empujadas, nunca anunció de manera oficial su retiro del beisbol, luego de jugar por última vez con los Dodgers en el 2003 a los 44 años de edad.
Pero ya llegó el momento.
“Si Rickey no llega a Cooperstown en su primera oportunidad, algo anda mal en el sistema de elegir a los inmortales”, dijo Billy Beane, gerente general de los Atléticos y quien jugó con Henderson en el equipo campeón de Oakland en 1989. “Es el mejor primer bate de todos los tiempos, y no veo a ninguno que se le acerque en segundo lugar”.
Un candidato debe recibir el 75 por ciento de los votos para ingresar al Salón de la Fama del beisbol. Los resultados serán anunciados este lunes, 12 de enero a la 11:30 de la mañana.
Desde que debutó en la Gran Carpa con los Atléticos en 1979, era obvio que Henderson tenía un talento único, con una combinación jamás vista para ese entonces de poder, velocidad y disciplina en el plato que lo llevó a cambiar el curso de muchos partidos.