- La Revolución que llegó al poder hace medio siglo encara el futuro con la principal deuda del relevo generacional y las tareas de renovar un modelo económico y político agotado en el ajedrez político mundial, marcado por el ascenso al poder de un nuevo Presidente de Estados Unidos
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Ver GalerÍa de Fotos > El primero de enero de 1959 una Revolución triunfó en Cuba, pero muchas necesidades que permitieron ese ascenso continúan gravitando 50 años después en la isla, en crónica crisis desde la década pasada.
En ese contexto el Presidente cubano Raúl Castro llamó en la última sesión del parlamento al finalizar 2008, a “actuar con realismo y ajustar todos los sueños a las verdaderas posibilidades”.
“El año próximo es de mucha incertidumbre en la economía mundial y debemos estar preparados para enfrentar ese serio reto que ya nos viene afectando de manera apreciable”, remarcó.
Castro destacó “la realidad económica adversa” del 2008 tras el paso de tres huracanes que dejaron 10,000 millones de dólares en pérdidas y un impactó que obligó a “situar en una segunda prioridad el estudio y la adopción de decisiones en asuntos también importantes” como la reforma administrativa que prometió en febrero.
LAS MIRADAS DE CUBA
Cuba ve su futuro desde las diferentes miradas de cubanos de a pie, intelectuales y miembros de la nomenclatura, que no esconden los puntos de vista, en ocasiones contradictorios entre sí, sobre el camino que debe tomar el país para avanzar en los próximos años.
El vicepresidente Esteban Lazo pidió recientemente en una reunión de los Comités de Defensa de la Revolución —las organizaciones vecinales encargadas de la vigilancia revolucionaria—, que al indisciplinado, al vago, al que roba, al que no trabaja, al corrupto, “la sociedad los odie”.
Un intelectual como Alfredo Guevara, fundador del Instituto de Cine Cubano, compañero y amigo de Fidel Castro desde que eran estudiantes universitarios, dijo en diciembre: “Todos soñamos en nuestro país, 50 años después, la necesaria batida que hemos dado en llamar ‘reestructuración’”.
“Podrá ser gradual o no sé cómo, pero que tendrá que ser, a riesgo de ser devorados por el funcionariato como sistema”, agregó.
ESPERAN MÁS REFORMAS
Muchos cubanos llegan al 2009 esperando nuevas decisiones gubernamentales, porque hasta ahora las reformas dispuestas no han avanzado más allá de la eliminación de algunas restricciones al consumo y una incipiente reforma agrícola que ha permitido la entrega de tierras en usufructo.
Esa última normativa tiene el fin de poner a producir más del cincuenta por ciento de las tierras cultivables de la isla, durante años en continuo barbecho, pero no aborda el debate de fondo sobre la titularidad de la tierra.
Otra medida anunciada y de la que aún quedan por ver los resultados es la supresión del “igualitarismo” salarial con una reforma por la que los trabajadores cobrarán de acuerdo a los resultados, con el ánimo de incentivar la productividad y eficiencia del trabajo.
La conformación de un modelo económico que abra nuevas puertas al futuro de la isla desde una “concepción socialista” ocupa buena parte de las preocupaciones de los dirigentes de la Revolución, entre los que son mayoría los históricos que hace medio siglo bajaron de la Sierra Maestra con barbas y largas melenas, y hoy rondan los ochenta años.
PREGUNTA SOBRE EL RELEVO
Desde que Fidel Castro, de 82 años, apareció por última vez en un acto público en julio de 2006, la Revolución que encabezó se enfrenta a la interrogante de quién la conducirá cuando la generación de los históricos desaparezca.
El líder de la Revolución enfermó entonces de un grave problema intestinal que lo llevó varias veces al quirófano y desde entonces está convaleciente, aunque se mantiene en el día a día de los cubanos a través de los artículos en los que opina regularmente sobre temas internacionales y en menos oportunidades nacionales que siguen teniendo gran influencia en la línea política del Gobierno.
Tras casi medio siglo en el poder, Fidel Castro abandonó la Presidencia del país el 24 de febrero de 2008, pero mantiene el cargo de Primer Secretario del Partido Comunista de Cuba, según la Constitución cubana, “la fuerza dirigente superior de la sociedad y del Estado”.
Ese puesto debe mantenerse intacto al menos hasta el segundo semestre de 2009, cuando está previsto el sexto Congreso del Partido, el primero en doce años, que deberá elegir una nueva cúpula de dirección.
El general Raúl Castro, de 77 años, que había permanecido inamovible al frente del Ministerio de las Fuerzas Armadas Revolucionarias, fue designado por el líder cubano en julio de 2006 para cumplir con las tareas de Presidente del país con carácter provisional hasta su nombramiento formal como Jefe de Estado en febrero de 2008.
Aún presentado en los medios cubanos como segundo secretario del Partido Comunista de Cuba, incluso después de asumir la Presidencia, Raúl Castro es el eslabón intermedio entre su hermano Fidel y la dirección que le sucederá tras pasar casi toda su vida a la sombra del Jefe de la Revolución.
SUS COLABORADORES
Tras asumir la Presidencia del país, Raúl Castro se ha rodeado de un círculo de colaboradores que en muchos casos integraron la guerrilla rebelde de la Sierra Maestra.
Entre ellos están el primer vicepresidente José Ramón Machado Ventura, de 78 años, y los también vicepresidentes y generales Abelardo Colomé Ibarra (69) y Julio Casas Regueiro (72) que lo acompañaron desde los años del II Frente Oriental, durante el alzamiento contra Fulgencio Batista.
El vicepresidente Juan Almeida, de 81 años, encarna la épica de los Comandantes de la Revolución, una categoría honoraria que no tiene ni Raúl Castro y que sólo ostentan, además, el ministro de Informática, Ramiro Valdés, de 76 años, y Guillermo García Frías, de 80.
En la cúpula del Consejo de Estado, el órgano gobernante de la isla, únicamente el miembro del Buró Político del Partido Comunista, Esteban Lazo, de 64 años, y el actual secretario del Comité Ejecutivo del Consejo de Ministros, Carlos Lage (57) no estuvieron en la columnas rebeldes.
LA ERA OBAMA
Desde julio de 2006, cuando asumió la Presidencia provisional del país, Raúl Castro ha reiterado la predisposición de La Habana a dialogar con la nueva Administración estadounidense en varias ocasiones, la última durante su reciente viaje a Brasil, su primera salida al exterior como Jefe del Gobierno.
Pero el gobernante cubano ha dejado claro que “la época de gestos unilaterales se acabó” y que en Cuba no están “apurados” con el diálogo con el Gobierno de Washington.
El ex presidente Fidel Castro ha dicho en uno de sus artículos que “con Obama se puede conversar donde lo desee” aunque con la condición de que se haga “sin zanahoria ni garrote”.
Cuba ha puesto, sin embargo, la pelota en el tejado de la Casa Blanca en el tema de cómo resolver el largo conflicto, y espera que Obama se defina.