“¿Dónde está mi voto?”

El repudio internacional al escandaloso fraude electoral perpetrado por el gobierno de Daniel Ortega y su Consejo Supremo Electoral, en las elecciones municipales del 9 de noviembre pasado, ha sido verdaderamente extraordinaria. Y es una demostración de solidaridad con todos los nicaragüenses a quienes les robaron sus votos.

En realidad, sólo unos pocos gobernantes amigos de Ortega lo han defendido. El fraude electoral orteguista ha sido repudiado por todos los gobernantes democráticos y honorables del mundo, lo cual significa que Ortega ha sufrido una derrota política y moral absoluta y que ha perdido legitimidad nacional e internacional para seguir gobernando.

Pero tan importante o más que la condena internacional al fraude orteguista, es lo que hagan los mismos ciudadanos nicaragüenses y ante todo los partidos políticos y las organizaciones cívicas democráticas, en defensa del voto que es el sustrato de la libertad y de la democracia representativa.

En primer lugar, los partidos de oposición no deben ceder en la lucha que están librando contra el fraude electoral orteguista. El voto de los ciudadanos debe ser respetado incondicionalmente y no negociado. También es muy importante la “Campaña Pública: ¿Dónde está mi voto’”, que organizaciones democráticas de la sociedad civil están desarrollando con el objetivo de recolectar decenas de miles de firmas, para exigir “el recuento y cotejo de las Actas de cada Junta Receptora de Votos, con observadores nacionales e internacionales imparciales”. Esta es una demanda que debe ser apoyada por todas las personas democráticas de Nicaragua, aunque lo cierto es que lo que se debe demandar es la anulación de las elecciones fraudulentas del 9 de noviembre, y que se repitan las votaciones para elegir autoridades municipales pero ahora con las debidas garantías de que el voto de cada ciudadano será respetado.

El voto no es cualquier cosa. El voto viene a ser para el ciudadano lo que es el alma para la persona, es decir, el eje de sus sentimientos y su don más preciado, el uno en lo cívico y el otro en lo espiritual. No es por casualidad que en su origen el voto tenía precisamente un significado religioso. El voto era el compromiso y la ofrenda que la persona hacía a los dioses. Y ahora el voto es el mecanismo que conecta a la persona con la organización política del Estado, el medio para expresar su consentimiento o disentimiento político, para manifestar su sentimiento de confianza y adhesión a otra persona, o al contrario, tal como lo explica el tratadista francés de derecho constitucional Maurice Hauriou. Mediante el voto el ciudadano elige a sus representantes y participa en la formación de la ley y en el gobierno del Estado, o sea en la administración de los intereses de todos y de él mismo, de sus bienes particulares y de su situación social, de su presente y de su futuro.

De manera que robar el voto ciudadano y falsificar la voluntad electoral del ciudadano, es más canallesco que despojar a una persona de su dinero, de su propiedad y de cualquier tipo de riqueza material. Por eso es que se indignaron tanto las personas que el domingo 9 de noviembre fueron a votar por sus candidatos, pero después sus votos no aparecieron o fueron volteados y terminaron respaldando a otros candidatos que no eran los de su preferencia.

El doctor Pedro Joaquín Chamorro Cardenal, Director Mártir de LA PRENSA, escribió que: “No puede haber respeto mutuo, ni puede haber tranquilidad verdadera y por lo tanto no habrá pleno desarrollo en Nicaragua, mientras no se establezca el sufragio libre y efectivo”. Y agregó que: “Más aún, la negación del sufragio puede conducir al país por los senderos de la violencia y dejarnos saldos peores que los vistos hasta ahora, porque negar el sufragio es igual a quitar la propiedad, a robar un derecho a los demás ciudadanos… Solamente con el sufragio libre y efectivo, evitaremos tragedias nacionales y podremos estructurar una vida civilizada, ganando la felicidad para nuestro pueblo”.

Por esa causa el doctor Chamorro Cardenal, Mártir de las Libertades Públicas de Nicaragua, luchó hasta ofrendar su vida. Y por eso mismo luchamos ahora y tenemos que seguir luchando, sin tregua ni desmayo, hasta que se respete el voto de los ciudadanos y Nicaragua vuelva a ser República.

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