Sin bullpen no hay campeonato, dice un mandamiento no escrito en el beisbol. Los Mets lo saben mejor que nadie. En la campaña pasada, perdieron 13 juegos que iban ganando a la altura del séptimo inning.
Los Filis no perdieron ni uno después del octavo.
Si los juegos han sido a siete episodios, los Mets le habrían sacado ventaja de siete juegos a los Filis en el sector Este de la Liga Nacional, pero los últimos dos innings fueron una pesadilla para los neoyorquinos.
Eso se acabó. Primero le pusieron fin a la ausencia de un cerrador de verdad con el derecho Francisco Rodríguez. Ahora agregaron al feroz J. J. Putz, quien era el encargado de cerrar puertas en Seattle y ahora será el preparador en los Mets.
Los Mets aún necesitan mejorar su rotación, pero el bullpen seguro no dará más preocupaciones, sobre todo si ambos relevistas están en perfectas condiciones de salud. Son hombres fieros, de mucho carácter y rectas verdaderamente calientes.
Putz viene de registrar 3.88 en efectividad, muy distante del 1.38 que tuvo en el 2007, pero este año se vio afectado por problemas en el codo y en una costilla. Pero al final enseñó el poder con disparos de hasta 96 y 97 millas por hora.
Esta pareja de carabineros permite a los Mets disponer del mejor dúo para el octavo y noveno innings en todo el beisbol, algo similar a lo que tenía Chicago con Kerry Wood y Carlos Marmol. Sin embargo, Wood se ha ido a los Indios.
El último gran bullpen que ha tenido el beisbol ha sido probablemente el de los Rojos en 1990 con Randy Myers como jefe, y con Rob Dibble y Norm Charlton antecediéndole.
Antes se vieron parejas como las de Rollie Fingers y Darold Knowles en Oakland o Rich Gossage y Ron Davis en los Yanquis, lo mismo que Duane Ward y Tom Henke en Toronto.
Pero ahora son los Mets quienes pueden alardear de disponer de la mejor pareja de relevistas del beisbol.