Iniciamos el tiempo litúrgico del Adviento y nos preparamos para celebrar el nacimiento de Jesús. La palabra Adviento significa “venida”. Y en ese contexto podemos contemplar a Jesús que vino, que viene y que vendrá.
Jesús vino al mundo hace dos mil años y se encarnó en el vientre purísimo de María por obra del Espíritu Santo. Jesús viene permanente y vive en medio de su pueblo. Y Jesús vendrá, glorificado y rodeado de Ángeles como profesamos en nuestra fe.
El color morado se utiliza en la liturgia. Expresa el gozo contenido que se hará pleno en la Nochebuena. Durante este período no se proclama el Gloria, excepto en los días prescritos, para cantarlo dichosos en el instante que conmemoremos la Navidad.
Son tres los personajes que, de manera especial, se proponen en las lecturas: el profeta Isaías, Juan el Bautista y la Virgen María.
Es el momento para que meditemos y adoremos este misterio de ternura y fe, en donde Dios al encarnarse, asume la condición humana de manera total (menos en el pecado) y redescubramos la dignidad de cada hombre y mujer.
Es el momento para seguir conservando la esperanza y no darse por vencido ante el ataque y la prepotencia del malvado.
Es el momento para unirnos los de buena voluntad y continuar trabajando por la justicia, sin agotarse, resistiendo activamente el poder usurpado del siniestro, porque sabemos que ésta es una lucha espiritual donde no podemos ser tibios, porque Jesús vomita esa actitud.
Es el momento para decidirnos de una vez y con todas sus consecuencias por la causa de Cristo, en esta batalla que es entre luz y tinieblas, entre verdad y mentira, porque no sólo se define lo temporal sino también lo eterno.
Es el momento de amar a Dios y al prójimo. Porque honrar a Jesús es practicar la Buena Nueva y eso se concreta cuando vivimos en serio el mandamiento del amor, sin hipocresía, sin intereses sucios; porque si no optamos por la vida, la elección errónea conduce a la perdición.
Es el momento de ser honestos con Dios, con la Patria, con nosotros y con la mayoría del pueblo que se debate en la angustia de no tener trabajo, alimento, vestido, mientras unos pocos, aunque griten que aman a los pobres, los explotan, los humillan, les coartan las libertades y pretenden someterlos en sus planes infames.
No es de cristianos fomentar una cultura consumista que permite que unos pocos derrochen, mientras miles ven pasar de largo lo que les pertenece como hijos de Dios.
No es de cristianos permitir que las vivaces luces de los adornos comerciales y propagandas partidarias engañen la mirada del alma.
No es de cristianos tolerar al opresor que avasalla, mucho menos permitirle al pervertido y pervertidor que siga cometiendo sus fechorías.
No es de cristianos decir que es transparente lo que es estafa y burla. No es de cristianos perseguir, reprimir y envalentonarse al amparo de fortunas que se dilapidan y que pertenecen al pueblo.
Es el momento de experimentar un encuentro personal con Cristo Vivo, el único Salvador y Liberador del pecado y la opresión.