- Un vistazo por el país de Maradona
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Las calles bohemias, el colosal estadio de futbol, las camisas albicelestes, el sonido del tango de Carlos Gardel anuncian en todo su esplendor que se está en Argentina, la tierra de Maradona y el Ché Guevara.
¿Quién es más famoso? “Pues los dos, sólo que el Ché es nuestro héroe y Maradona es un dios, un ídolo viviente”, contesta a la inquietud un señor que esperaba el bus en la avenida central que lleva hacia la majestuosa estructura del Teatro Colón.
Allí las orquestas tocan en coordinación sinfónica autorías propias y también las del maestro Bethoven. De repente se escucha en uno de los salones una melodía que enamora los oídos de los presentes y el cuerpo no se resiste cuando se escucha el tango Buenos Aires querido del hijo del tango, Carlos Gardel.
Buenos Aires es baile, cultura, pero desde su entrada se respira futbol, principalmente cuando se acerca el fin de semana, las calles se adornan de colores, los bares se llenan y la cerveza artesanal, principalmente la Antares cesa las miles de gargantas que se sientan para ver a la selección o al equipo de la capital, el Boca Junior.
Un niño moviliza el balón en la calle y junto a su amigo gritan el nombre del Boca. Se preparan para ir a La Bombonera, la casa donde reina el club de Buenos Aires.
“Oye pelotudo, apresurate que se nos hace tarde para ver el partido”, dice con ansiedad el joven hincha.
Ese día, el Boca enfrentaba al Vélez y la capital se paralizó por unas horas. En el café Cantobar todo es nerviosismo, el Boca perdía 2-1 en la primera parte. Luego esos rostros largos casi llorosos se cambiaron por una sonrisa. Los goles de Juan Forlín y Rodrigo Palacios enardecieron las tribunas , pero el rival fue superior por esta vez y sembró al Boca 4-2.
“Por lo menos perdimos con dignidad, aún faltan más partidos que jugar”, se consolaba un fanático.
Desde Buenos Aires se escuchan los murmullos de la ciudad que miró nacer a Maradona y el Ché Guevara.
Rosario, una comunidad que entre su estadio de futbol también posee el bello paso del extenso Río Paraná. La brisa del río golpea los tranquilos rostros de los rosarinos y al atardecer hace reverencia a la puesta de sol que deslumbra la costa oeste de la ciudad.
Al otro extremo se encuentra Victoria, que se fusiona con Rosario a través de un puente.
“No somos diferentes, somos argentinos, sólo nos separa un río”, dice doña Grisol, quien trabaja de bartender en el bar Pikardo, ubicado en el malecón de la ciudad.
Rosario no tiene el ritmo de tango de Buenos Aires, pero el futbol lo lleva en las venas, ciudad natal del mejor jugador en la historia del futbol.