- Políticos y analistas reconocen que institución enfrenta presiones del mismo Ortega
El éxito de la Policía Nacional es que ha evitado un masivo derramamiento de sangre en la actual crisis post electoral. Su fracaso, que no ha podido permitir el libre tránsito de las manifestaciones pacíficas. El reto a vencer: un conflicto interno entre quienes respaldan la institucionalidad y los que se apuntan por un aparato partidario. Así opinaron ayer políticos y un representante del Centro Nicaragüense de Derechos Humanos (Cenidh).
En definitiva, son días difíciles para la Policía Nacional. Edmundo Jarquín dice que los quinientos agentes antimotines han tenido jornadas cansadas, entre León y Managua, conteniendo a grupos iracundos y defendiendo a quienes denuncian un fraude electoral.
“La Policía se ha enfrentado a una situación extraordinaria, fuera de lo normal”, resumió el diputado liberal José Pallais.
Entre el domingo 16 y el martes 18 de noviembre, los agentes de la Policía contuvieron una batalla campal en León y otra en Managua.
Cero muertos y poca sangre. Los políticos lo celebran. Entre ellos Pallais, Eduardo Montealegre y Edmundo Jarquín, quienes fueron impedidos de llegar a León el domingo y cercados en Managua el martes.
Gonzalo Carrión, del Cenidh, también reconoce el esfuerzo de los antimotines que “han pasado jornadas enteras sin comer”.
“Es digno de reconocer que el día de ayer (martes) la actuación de la Policía evitó un derramamiento de sangre, a pesar de todas las presiones y las dificultades que tuvieron”, reconoció Montealegre, asediado por orteguitas los días domingo, lunes y martes. Pero el éxito ha sido a medias, añaden los políticos.
Las manifestaciones pacíficas no se han podido realizar y los policías han quedado como testigos de la destrucción de un vehículo del Canal 2 de televisión, en Managua, y de una radioemisora en León.
“Habían dos oficiales en las radios que destruyeron en León, pero llegaron (a atacar) casi treinta hombres armados, siete de ellos con AK, el resto con pistolas; había una superioridad numérica y si hubiesen puesto resistencia, a estas horas tendríamos que estar en la vela y enterrando a esos dos ciudadanos policías”, explicó Pallais.
“ESTADO MARA”
El diplomático y diputado ante el Parlamento Centroamericano, Mauricio Díaz, calificó la situación que vive Nicaragua como la de un “Estado-mara”.
El FSLN tiene a sus simpatizantes en las calles, quienes a fuego de morterazos y filo de machetazos han impedido dos marchas pacíficas de los liberales.
El término de Estado-mara, señaló Díaz, proviene de un estudio realizado por Andrés Pérez Baltodano, quien sostiene que las pandillas tienen una firme lealtad tribal hacia líderes y caudillos. Incluso hasta la muerte.
“En el Estado-mara se reivindican las líneas territoriales, o sea ‘este territorio es mío’, o como dicen en INCAE la teoría de la ‘meada del perro’: ‘Este territorio donde yo marco es mío y no te metás aquí’. Imponen a los nicaragüenses que no podemos manifestarnos en otros lugares del país, porque es fondo de casa de un partido político, eso atenta contra la misma Constitución”, indicó Díaz.
El diputado Pallais añadió que los grupos de choque cuentan con una gran capacidad logística y de recursos, mientras Carrión les concede todas las libertades, pues el presidente Daniel Ortega dijo meses atrás que la Policía no puede disparar en contra del pueblo.
“Es decir contra sus muchachos”, acotó Carrión.
“No está diseñada la Policía para enfrentarse a una estructura paraestatal de estas dimensiones, contando con los medios que tiene y los números que tiene la Policía, creo que debemos llegar a un juicio racional de que ha actuado de acuerdo a las circunstancias”, dijo Pallais.
“No podemos dar un diez al comportamiento de la Policía, pero tampoco podemos desaprobarla. Tenemos que entender las circunstancias en las que se encuentra y ante qué estamos enfrentados”, remarcó Pallais.
FUERZAS PARAESTATALES
Jarquín le reconoce a la Policía Nacional voluntad para efectuar su trabajo.
“El hecho de que las circunstancias en algún momento las desborden, no significa falta de voluntad para cumplir con su deber. De hecho la Policía ha sido colocada en un conflicto de intereses, pero está haciendo grandes esfuerzos para evitar un derramamiento de sangre, para proteger algunos puntos críticos como son los medios de comunicación y para defender su institucionalidad”, manifestó Jarquín.
“La Policía está consciente de que debe proteger los derechos políticos de los nicaragüenses. Por ejemplo, el derecho a manifestarnos pacífica y legalmente y a veces no ha podido proteger esos derechos por la acción de las fuerzas de choque del orteguismo”, comentó Jarquín.
La lucha es ardua, agregó Carrión, del Cenidh.
Para el Cenidh los grupos de choque que el FSLN ha tendido en las calles pueden cargar con el calificativo de “fuerza paraestatal, parapartidaria y con expresiones de paramilitarismo”.
Carrión recordó que esos grupos disparan morteros en la cara de los agentes policiales y portan armas blancas y piedras, sin correr riesgo de ser apresados.
Díaz explicó que esa expresión del Estado mara a la que se enfrenta la Policía promueve el “canibalismo”.
“En vez de contribuir a modernizar el debate político a través de las ideas o el derecho de la población de manifestarse pacíficamente, lo que están haciendo es imponiendo una cultura del canibalismo y del cavernalismo más atrasado”, lamentó.
PRESIONES PARTIDARIAS
Al margen de la agitada agenda de seguridad pública, los políticos y el Cenidh denunciaron las presiones partidarias que sufre la Policía.
En actos públicos el presidente Ortega ha insistido en recordar el origen sandinista de los policías y del Ejército.
“En el año 2008 podemos distinguir dos especies de línea en la Policía: una línea institucional, que nosotros la reconocemos en Aminta Granera (jefa) y no sé hasta dónde llega en el resto de la jefatura y la base policial; pero es evidente que hay una línea partidaria, que parte a la Policía y la hace retroceder gravemente”, advirtió Carrión.
Montealegre afirmó que existen informes de que el propio presidente Ortega ha girado órdenes a los jefes policiales en los departamentos, en contraposición a las orientaciones de la Jefatura Nacional.
“No tengo manera de constatar las presiones, pero he podido hablar con alguna gente y parece que el Presidente está dando instrucciones directas a los jefes policiales departamentales”, denunció Montealegre.