- Roberto Sánchez reconstruye la antigua Managua en su obra
Llegaron la Chica Vaca, la fundadora del Munich y la representante de la carne asada El Gran Hotel. Los Caporales se encargaron de interpretar los boleros románticos de moda en aquel entonces y ni se diga del baile: ahí estaban los bailarines de la vieja Managua, danzando con la misma habilidad y gracia con la que lo hacían hace ya varias décadas.
La presentación del libro El Recuerdo de Managua en la Memoria de un Poblano, de Roberto Sánchez Ramírez, logró que los asistentes añoraran aquella capital ahora desaparecida por los desastres naturales y la guerra.
Este masatepino de nacimiento y capitalino adoptado reconstruyó en su libro la Managua en sus tiempos de gloria, llena de vida, de cultura y de esplendor.
En un acto bastante concurrido, Jaime Incer Barquero, presidente de la Academia de Geografía e Historia de Nicaragua, dijo que la obra de Sánchez es una de las mayores aportaciones a la historia de Managua, pues “rescata la memoria colectiva de los managüenses”.
En el Aula Magna de la Universidad Iberoamericana de Ciencia y Tecnología (Unicit), se reunieron diversas personalidades del país, tales como el Vicepresidente de la República, Jaime Morales Carazo, acompañado de su esposa; el ex vicepresidente José Rizo, la actriz Evelyn Martínez, entre otros.
El periodista Danilo Aguirre, quien se encargó de leer el prólogo del libro, presentó al público a personajes históricos de la antigua Managua, como Ángela Aguirre, fundadora del Munich que en ese entonces estaba ubicado frente al Palacio Nacional; Francisca Chavarría, conocida como la Chica Vaca de las Fiestas Patronales de Santo Domingo de Guzmán; y Juanita Martínez, de la carne asada El Gran Hotel, uno de los lugares más recordados por los managüenses.
EL BAILE
La sazón del baile la pusieron las parejas que movieron sus cuerpos al ritmo de la Sonora Matancera y Celia Cruz. El auditorio entero gozó al observar los pasos de baile recreados por señores que aún disfrutan de esos ritmos en La Casa del Obrero.
Roberto Sánchez lució emocionado ante el homenaje que significó la presentación de esta obra. Dejó ir algunas lágrimas, puesto que para él significó “un acto de amor” de parte de las personas que lo acompañaron.
Para finalizar una velada llena de recuerdos, no faltó la carne asada y los “taconazos” o tragos de licor, para revivir a Managua en el paladar. Fue una noche en que la vieja Managua regresó en el recuerdo de los asistentes.