- La educación debe empezar “en casa”
¿Hace poco o mucho?, escribía sobre el tema Género, y derivado de algunas opiniones brindadas por las personas que son asiduas u ocasionales a la lectura de mi columna cada lunes. En particular una de ellas me llamó mucho la atención, cuando me planteaba “…el tema sobre género está muy interesante, considero que debería de seguirlo abordando, profundizando en otros temas, pero dándole un enfoque más equilibrado, no referirse sólo a la mujer. Insisto en que las mujeres no somos o no deberíamos de tomar una postura de víctimas, sino que se le debe hacer conciencia sobre sus capacidades, sus derechos, deberes y lo importante que somos como seres humanos. Que aprendamos a defendernos con acciones, no con violencia, que debemos de educar a nuestros hijos (varones o mujeres) que nadie es ni menos ni más que nadie, romper ese círculo vicioso”.
¡Interesante y muy valiosa respuesta!, la cual apoyo, pero no comparto del todo, cuando señala, “… que las mujeres no deberíamos de tomar una postura de víctimas”. Antes de profundizar el porqué de mi discrepancia, recuerdo una anécdota o casi broma, cuando a un amigo cuya esposa estaba embarazada, a punto de parir (en esa época no era posible tecnológicamente saber si sería varoncito o mujercita), le pregunté ¿qué quieres que sea? Me contestó, mujercita, ¿por qué? le pregunté. “Mirá, las niñas son más apegadas a los padres, mientras que los varones son un problema, ya que cuando pequeños rompen vidrios, y cuando jóvenes embarazan”. Sin comentarios o mejor con comentarios, resulta que desde antes de nacer suele dársele el nombre de macho, al feto, que posiblemente ni nombre tenga aún. Un machismo preponderante que inunda nuestros pueblos ¿en desarrollo?, ¿del Tercer Mundo?
¿Por qué victimizarse? Todo —y no tan sencillo— dependerá del nivel de educación que tengamos. Si en la familia nadie pudo asistir a una escuela, lo que se transmitirá serán las costumbres y la cultura de generaciones anteriores. “Jamás tu abuela contradijo a tu abuelo, y vos que no sabés aún ni asearte bien, ¿me contradecís?” Posiblemente detrás de esto venga un castigo, para ser conservador o por qué no una bofetada. ¿Qué valor agregado le damos a lo antes descrito? ¿respeto?, ¿odio?, ¿temor a expresarse u opinar?, ¿sumisión?, ¿víctima?
¿Qué sucede cuando el padre golpea a una niña, y la madre calla? Una ocasión mi señora madre me contaba que un hermano pretendió, en un estado de exaltación motivado por problemas laborales, pegarle a su hija cuando no tenía culpa ninguna y mi madre, sosteniéndole el brazo en alto, le dijo: “si le pegas a ella, te vas de la casa; a una mujer no se le pega”, y mi madre nunca tuvo la posibilidad de pasar el portón de una escuela, tal vez una persona “fuera de tiempo”, vinculado a su falta de ir a una escuela y no de educación. ¿Dónde la aprendió? No recuerdo, pero la lección que nos dio a todos fue espectacular.
Siempre le he dado, le doy y le daré una vital importancia a la educación. Ésta es un problema serio que cuando no hay familia, entiéndase dividida o ausencia de padre o madre, es un problema serio, cuando la educación debe iniciar “por casa” ¿Y la escuela? Debe fortalecer o formar los mejores valores y actitudes que ha de adquirir el estudiante, para que los evidencie. Finalmente permítanme adicionar que, el espacio se lo gana la persona que se lo proponga, sin distinción de sexo.