La fijación del recuerdo

[email protected] Quise retomar mi columna de Tres Puntos con un tema que me parece un tanto polémico, pero que quizá ayude a promover un debate saludable en torno a las políticas de fomento y desarrollo del deporte. Me refiero a los torneos de baloncesto Carlos Ulloa in Memoriam, que se realizaron de 1980 a 1991 […]

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Quise retomar mi columna de Tres Puntos con un tema que me parece un tanto polémico, pero que quizá ayude a promover un debate saludable en torno a las políticas de fomento y desarrollo del deporte. Me refiero a los torneos de baloncesto Carlos Ulloa in Memoriam, que se realizaron de 1980 a 1991 (salvo en 1990 que no se realizó), y que ha dado mucho de qué hablar.

En realidad mi posición no ha variado, en torno al mismo, su impacto en el baloncesto nacional fue mínimo si valoramos nuestros resultados en la calidad de nuestro deporte de las canastas. Si hubiésemos alcanzado un dominio notable en el ámbito centroamericano, no tendría nada que decir o si fuésemos un punto de referencia a nivel internacional, sí podemos decir que hubo resultados claros.

Pero los Ulloa fueron más espectáculo que parte de un programa de desarrollo. Y fundamento esto en los pobres resultados de los equipos nacionales, cuando el torneo elevó su calidad y se convirtió en un encuentro de equipos extranjeros, donde los nacionales nos limitamos a ver. Si apartamos las informaciones infladas y nulas en objetividad, vemos pobreza técnica, de infraestructura (ya hablé en una ocasión del Polideportivo España) de apoyo a los atletas, etc.

Como espectáculo, considero que fue el mejor de todos los eventos deportivos que se han realizado en el país, incluso me atrevo a ubicarlo junto a los mundiales de beisbol, un deporte poco practicado en el mundo y en el que los buenos equipos siempre son cuatro o cinco, y cuyo nivel puede compararse con cualquier torneo centroamericano de futbol, baloncesto o voleibol (ganar un mundial de beisbol es lo mismo que ganar un campeonato centroamericano del Caribe de estos deportes, pero eso será tema de otra discusión).

La calidad de los equipos, la organización del evento, las facilidades para con los atletas nacionales fue muy buena, y requirieron de un gran esfuerzo. Es cierto que en un principio los equipos nacionales tuvieron logros, pero ojo, no nos engañemos, era sólo al inicio.

El equipo Caminos fue campeón en una ocasión y en un polémico juego, cuyo resultado todavía genera polémica. La UCA obtuvo un tercer lugar, aún cuando no fue llamado a última hora para que participara en el torneo. Pero insisto, el torneo se limitó a un ámbito cerrado, la selección A y la B, el resto de jugadores estuvieron “huérfanos” de apoyo.

Nadie habló de los torneos nacionales, que es donde se midió el verdadero potencial que teníamos, y que es la lógica de los demás países. Si falla la sección hay que revisar qué pasa en las ligas nacionales. Pero aquí hacemos las cosas al revés, queremos selecciones sin haber promovido las ligas nacionales. No quiero ni pensar qué pasaría si la NBA hace eso, o si la liga Española se encapricha para ganar un campeonato mundial entrenando cuatro años sólo con su selección, como nos sugirieron muchos.

La selección debe ser el resultado del trabajo de los torneos nacionales. Cierto es que en los Ulloa se crearon “héroes”, pero nuestro nivel era muy bajo. En los noventa se logró estructurar una liga de baloncesto competitiva, a mi criterio fue la mejor de todos los tiempos, por el nivel que se había alcanzado, y que por primera vez no estuvo centrada en dos equipos como pasó siempre. Allí se vio quién era quién; surgieron nuevos atletas, se conformó una selección compacta y todo parecía que iba a ser distinto. Pero las pugnas internas dieron al traste con todo esto. Volvimos a la organización nacional mediocre y polarizada.

Como dije los Ulloa fueron un gran espectáculo, pero fueron eso, nada más. Y después que había que ordenar nuevamente la casa, el baloncesto quedaba nuevamente abandonado. El problema, y ya esto es una costumbre de país, es que vivimos de apariencias. Y quedamos anclados en lo que fue más impresionante. Todavía se recuerda como efeméride nacional el juego de Nicaragua cuando le ganó a Cuba en 1972, o el de futbol que se le ganó a Estudiantes de la Plata. Cada vez y cuando se desempolvan los mismos recueros amarillentos. Igual ha pasado con los “Ulloa”, son como el preciado retrato con telarañas colgado en la pared de nuestra casa, que cada vez y cuando volvemos a ver con cariño y nostalgia.

El desarrollo no se logra de esa forma. Si queremos baloncesto de calidad, comencemos por lo elemental, enseñar a jugarlo.

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