En los últimos días me ha sorprendido la enorme lluvia de críticas que han surgido alrededor del combate del múltiple campeón estadounidense Oscar De la Hoya contra el filipino Manny Pacquiao, que ha sido programado para el 6 de diciembre en el MGM Grand Hotel de Las Vegas, Nevada.
La verdad es que no entiendo por qué le ha llovido tanto a esta pelea. Pacquiao es un buen peleador, quizás el mejor libra por libra del momento, y aunque va subiendo desde 135 libras hasta 147 para enfrentarse a De la Hoya, está claro que esa diferencia vale la pena por la mejor bolsa de su carrera, y vaya qué bolsa.
Pacquiao no está para esperar un asentamiento de categoría o algo parecido. De la Hoya se puede retirar en cualquier momento, y si eso pasa, ¿dónde podrá el Pac-Man ganar una bolsa de 10 o más millones de dólares por algunos meses de duro entrenamiento y una noche de golpes?
Todos los boxeadores quieren enfrentar a De la Hoya para ganar las mejores bolsas de su carrera, pero claro, aquí debemos hacer una excepción con el nicaragüense Ricardo Mayorga, quien hace un par de años enfrentó al “Golden Boy” por una ridícula bolsa de un millón de dólares, aunque después del combate el mismo peleador dijo que el dinero entregado a la empresa de Don King era mayor.
Eso no me consta, pero Mayorga dejó pasar la mayor bolsa de su carrera, cuando podía ganarlas, al igual que pasó en su pelea con Félix “Tito” Trinidad. Pero bueno, ese es un tema de otra columna, hay que anotarlo en la agenda.
Volviendo con el De la Hoya-Pacquiao, hay muchos puritanos del boxeo que ven ridícula la pelea, la califican como una farsa y bla bla bla bla. Pero el boxeo es un espectáculo, es un deporte que alcanza sus máximos niveles de atracción cuando enfrentan los mejores contra los mejores, donde queremos ver en acción a los mejores contra los mejores.
Recuerdan De la Hoya-Trinidad, De la Hoya-Mayweather, Tyson-Lewis, Chávez-Taylor, Chávez-Randall, Rosendo-Finito López, en par de ocasiones, por mencionar algunos casos recientes.
Sin duda alguna, De la Hoya lleva cierta ventaja sobre Pacquiao.
El medallista de oro, por Estado Unidos en los Juegos Olímpicos de Barcelona 92, cuenta con más estatura, fortaleza y alcance. Pero la velocidad será el arma fundamental del filipino, junto a su boxeo agresivo, incansable en todo momento, que puede hacer estragos en un “Golden Boy” que está en el ocaso de su exitosa carrera.
De la Hoya es favorito. Pero Pacquiao puede sorprender, es un boxeador guerrero, entregado y con Freddie Roach en su esquina, podría elevar su nivel de rendimiento como lo hizo en sus combates con Juan Manuel Márquez, Erik Morales y Marco Antonio Barrera.
Lógicamente, no puedo decir que el De la Hoya-Pacquiao será un combate épico, como aquella pelea que generó tanto atractivo del mismo “Golden Boy” contra Floyd Mayweather hace más de un año en Las Vegas, que al final fue un fiasco.
Pero será atractiva, generará discusiones y brindará las condiciones necesarias para que ese 6 de diciembre, muchos aficionados y no aficionados del boxeo, se reúnan en casas, bares y tantos otros lugares, para presenciar el duelo a través de la pantalla chica.