Ávila, el rostro de la “rebelión” dominicana

Un trabajador en láminas de metales que compartía —además— clínicas de beisbol en Miami, para mantener fuera de problemas a los niños refugiados de Cuba, se convirtió en el artífice de la industria de peloteros dominicanos en las Grandes Ligas. Sin duda alguna, el mejor cazatalentos en la historia de Latinoamérica y un personaje heroico […]

  • Un trabajador en láminas de metales que compartía —además— clínicas de beisbol en Miami, para mantener fuera de problemas a los niños refugiados de Cuba, se convirtió en el artífice de la industria de peloteros dominicanos en las Grandes Ligas. Sin duda alguna, el mejor cazatalentos en la historia de Latinoamérica y un personaje heroico para muchos

Rafael Ávila, pionero de las Academi,as de Talento en Dominicana

En una ocasión se dijo que no hay admiración comparable a aquella que procuran los que se saltan los márgenes de lo natural, y se desesperan con la rutina y se adentran en lo inexplorado.

Esa cualidad —añade la cita— no sólo es patrimonio de un Albert Einstein o un Miguel Ángel. También pertenece a hombres aparentemente corrientes, en oficios y campos secundarios, donde no se hacen millonarios ni pretenden pasar a la posteridad. Sólo dejan su huella imborrable.

Hombre con voz de locutor, ingenio, excelente humor, enorme conocimiento de la pelota y entregado sin reservas a su profesión, el cubano Rafael Ávila ha sido uno de los faros que han iluminado el beisbol en los tiempos difíciles.

Y lejos de someterse a los caprichos de la vanidad, Ávila, de 78 años de edad, es querido por muchos peloteros de las Grandes Ligas, especialmente por aquellos originarios de República Dominicana. La razón es única: Ávila les hizo el camino.

Tuvo un impacto mayúsculo en el desarrollo de los peloteros dominicanos, que ahora tienen tanta presencia en las Ligas Mayores que hasta asusta a los estadounidenses.

Cuando comenzó una vida como coach y cazatalentos (scout) en la década de los sesenta, recibió órdenes de Al Campanis, entonces gerente general de los Dodgers de Los Ángeles, para empezar una revolución en Dominicana. Su misión era explotar el talento que Campanis había comprobado que existía.

El resultado: República Dominicana es origen de más del 10 por ciento de los Grandes Ligas y más del 25 por ciento de los peloteros bajo contrato de Ligas Menores. Entre los más destacados están David Ortiz, Manny Ramírez, Pedro Martínez y Vladimir Guerrero.

El método: la creación de las academias de desarrollo de talento, cuyo cerebro fue Ávila.

Antes —no obstante— tuvo que suceder una serie de acontecimientos, que cuando giran alrededor de los genios no pueden ser considerados más que procesos naturales provocados por la mano divina.

Es posible que sin Jackie Robinson, la revolución cubana, el asesinato del dictador dominicano Rafael Leónidas Trujillo, la expansión de las Grandes Ligas y el draft amateur, nada hubiese pasado en Dominicana.

Incluso, hubo circunstancias ajenas a las deportivas que tuvieron que cambiar en la vida de Ávila, como su participación en el movimiento de la juventud cubana que intentó derrocar al dictador Fulgencio Batista.

Como muchos cubanos, rápidamente le dio la espalda a la rebelión que había apoyado y comenzó otra revolución, en la pelota, dotado inicialmente por los conocimientos que su padre, del mismo nombre, le transmitió y luego por su incansable desarrollo académico. De modo que Ávila, que visita el país por una gestión del American College y la Embajada de Estados Unidos en Nicaragua, cambió el arma por el bate, y la decisión no pudo ser mejor.

Tuvieron que pasar muchas cosas en su vida antes de dedicarse al beisbol, como dar la espalda a la revolución cubana que una vez usted apoyó.

Sí, al principio la apoyé porque pensé que la causa era buena. Y efectivamente lo era. Pero luego el sistema cambió y el pensamiento con él. Yo soy católico practicante. Y al principio todos pensábamos que éramos católicos. Bajamos de la sierra para pelear, y lo hacíamos con cadenas, rosarios, medallas y curas. Hasta teníamos tres curas que vestimos de comandantes. Pero después nos dimos cuenta que la cosa no avanzaba bien. Se había convertido en un sistema por el que nosotros no habíamos peleado. Por eso decidí irme del país, esperando que algún día cambiaría la situación. Y todavía lo estoy esperando. A lo mejor me muero y no llega nunca. Pero no voy a hablar mal de Cuba. Hay cosas buenas y cosas malas y yo quiero a mi país, y no puedo negar que también hay cosas buenas.

¿Se arrepiente de esa etapa de su vida?

Esa fue una parte de mi vida que pasó, que yo no estoy orgulloso de ella, pero tampoco estoy abochornado. Cuando lo hice, lo hice de buena fe y por convicción. ¿Me equivoqué?, fatalidad, pero esa fue una parte de mi vida de la que no estoy arrepentido. No todo puede salir bien en la vida.

¿Tuvo alguna relación con Fidel?

Personalmente nos conocimos muy poco. Desde el principio yo no estaba de acuerdo con muchas de las cosas que él hacía, pero después cometí el error de hacerle caso a un amigo, que me dijo que teníamos que terminar con la dictadura. “Tenemos que pactar con el diablo si es necesario”, me dijo mi amigo, y lo seguí. Es una parte que ya olvidé.

¿Alguna vez imaginó el impacto que su decisión de abandonar la revolución ha tenido en el beisbol dominicano?

Nunca, pero siempre confié en mi instinto.

¿En qué momento decide moverse a Dominicana?

Después de que (Fidel) Castro cerró las puertas de la isla y vino la expansión en las Mayores, se necesitaban peloteros. Por esa razón me mandó Al Campanis a buscar talento en Latinoamérica, sobre todo en Dominicana. Al Campanis me dijo: “Debes ir para allá y trabajar cien por ciento. Vamos a tener la oportunidad firmar peloteros allá”. Tenía razón. Cuando llegué, a principios de los años setenta, vi que tenían la habilidad natural. Lo que les hacía falta eran los fundamentos. No sabían mucho. Y yo les enseñé.

¿Qué implicó ese movimiento?

No fue fácil. Había serios obstáculos para firmar al mejor talento de la isla. Ramfis Trujillo, hijo del dictador Rafael Trujillo (y jefe de la Fuera Aérea Dominicana) reclutaba a los mejores jugadores para su equipo militar y no era muy propenso a dejarlos ir. Pero cuando el dictador fue asesinado en 1961, llegó una nueva era que, entre otras cosas mucho más importantes, facilitó las cosas para los equipos y sus operaciones en la isla. El draft en los Estados Unidos, Castro en Cuba y el asesinato de Trujillo, todo eso le abrió las puertas para que los jugadores llegaran a las Mayores. Fue una combinación de situaciones.

¿Y eso bastó para la “explosión”?

No. Faltaba el apoyo sostenido del Gobierno, de empresas patrocinadoras, de la población misma y de la actitud de los peloteros, además de la inversión de los equipos de Grandes Ligas. Pero, más que nada, era necesario que todos se unieran, y eso fue lo que exactamente pasó. Todos se unieron y crearon el ambiente de confianza que las organizaciones de Grandes Ligas necesitan para apoyar un proyecto. Luego, fundé la primera academia y ahí sí comenzó la explosión.

¿Podría aplicarse ese mismo sistema en Nicaragua? Aquí, a diferencia de Dominicana, no se cuenta con las características físicas de los caribeños

Eso no importa. Aquí está el talento tan bueno como en Dominicana, pero el problema ha sido que no han tenido la visión de trabajar con los menores. Esa es la diferencia. Yo siempre digo que Carlos García se preocupó mucho por la Selección Nacional y muy poco por los menores. Si en Nicaragua hubiese un Carlos García para los juveniles tal y como lo hay para la Selección mayor, la historia fuera distinta, y quizás similar a Dominicana. Yo he visto el talento en Nicaragua, y nadie me puede decir que no hay peloteros buenos. Los hay, pero no tienen fundamentos. Se juega un beisbol viejo, y las técnicas han evolucionado. Aquí quedaron atrasados varios años.

¿Cuánto podría costarnos esa visión?

Sacrificio, mucho sacrificio. No es asunto de dinero. El dinero aparece cuando hay personas con los valores y la honestidad necesaria para trabajar. Yo nunca he aceptado un regalo de los jugadores que firmé, porque era mi trabajo, y para eso me pagaban los Dodgers. Nicaragua necesita líderes que no estén pensando en lucrarse. El problema es que todos quieren ser jefes, y nadie quiere servir. Y nada sucede de un día para otro. Esto implica años y mucha disciplina y entusiasmo.

¿Cómo comenzar?

Creo que lo están haciendo. Entiendo que hay varios programas que trabajan con juveniles. En Dominicana se comenzó con programas de desarrollo, las academias vinieron con los años. Y estas clínicas son importantes. Esperamos que sigan apoyando este tipo de proyectos.

No se puede decir mucho sobre Rafael Ávila, la persona ajena a la pelota. Es imposible. Su vida está casada con el deporte y sus mejores momentos están ligados al campo. Y su hijo, Al, marcha por el mismo camino. También valora talento.

“Una vez me preguntaron mi edad. En ese entonces tenía 65 años. Luego me preguntaron que cuántos años le había dedicado al beisbol. Y les respondí que 66 años. ¿Por qué? Desde el vientre de mi madre yo jugaba beisbol. Y mi mamá me llevaba a los estadios de pelota en Cuba. Los mejores momentos de mi vida están en el beisbol”, dice Ávila.

¿Quién es Rafael Ávila, la persona?

Un scout. Mi vida ha sido eso, y muy poco puedo contar de mí, porque casi todo se sabe, me refiero a que cuando hablan de Ávila el scout, también hablan de Ávila la persona. He vivido para el beisbol.

¿Cuál es la clave para un scout?

Su sexto sentido. Su instinto.

Le mencionaré personajes y usted dirá lo que piensa sobre ellos

Está bien.

¿Fulgencio Batista?

Aquellas lluvias trajeron estos fangos.

¿Fidel Castro?

La lluvia de Batista trajo ese fango.

¿Al Campanis?

Una de las mentes más privilegiadas que he conocido en el beisbol.

¿Carlos García?

Somos amigos. Para los años setenta fue un tremendo promotor del beisbol. Pero, no pasó a más porque no se preocupó por la pelota infantil. Lástima, Carlos tuvo falta de visión.

El beisbol ha evolucionado y…

Las técnicas. Lo único diferente del juego han sido los hombres, pero el beisbol es el mismo.

¿Le gusta la idea de la repetición instantánea?

Sí, me gusta. Las decisiones en el beisbol son de apreciación y en este caso era necesaria la tecnología, creo yo.

Pelotero firmado por usted y que más orgullo le da es…

Todos. Ninguno me hizo quedar mal, y no porque hayan subido a las Mayores, sino porque se portaron como hombres ejemplares.

¿Su ídolo?

Lou Gehrig. Y el bateador que más admiro es Ted Williams. Él inventó el bateo. Y el más grande de la historia ha sido Martín Dihigo.

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