- Abrió las puertas de su casa, y más que eso, las de su vida a LA PRENSA
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Vicente Padilla goza de una nueva vida
ENVIADO ESPECIAL/ ARLINGTON
Hay algo que Vicente Padilla aprendió desde muy niño: no importa en cuántos pedazos se te parta el corazón, el mundo no se detendrá a esperar que lo arreglés. Y desde entonces, hizo de su vida una lucha permanente por salir adelante.
Nacido de madre soltera, Padilla aprendió no sólo a sobrevivir a la ausencia de su padre, sino también a la de su progenitora, sumergida en el trabajo para el sostenimiento de sus hijos, mientras sus abuelos trataban de brindarle un hogar.
También se sobrepuso al rechazo de Omar Cisneros cuando se presentó por primera vez al Chinandega en busca de un lugar en el equipo, alentado por el éxito conseguido en las ligas comarcales, donde destacaba por la potencia de su brazo.
Incluso, reaccionó con determinación tras una deficiente prueba con los Yanquis de Nueva York, que era para deprimir a cualquiera. Un día antes había muerto su abuelita y su brazo no estaba en las mejores condiciones, aún así trató de impresionar, pero no logró.
“Ese día lo más duro que tiré fue a 83 millas, pero no me desanimé y pese a que estaban pasando los años, siempre tuve la esperanza de recibir un nuevo chance”, recuerda ahora el big leaguer pinolero, en su confortable casa en Arlington.
AHORA EN EL CONFORT
En realidad, Vicente Padilla tiene dos casas en esta atractiva ciudad del estado de Texas y cuenta con una flota de carros entre los que destaca un Lamborghini Gallardo, un Aston Martin, tres BMW, un Infiniti, una Lincoln, una Hummer y un camión Dodge Ram.
También tiene un restaurante en Arizona, propiedades en Nicaragua y está construyendo una casa realmente espectacular sobre la carretera a Chinandega. Pero, el proceso no ha sido tan fácil como podría parecer. Hay trabajo arduo de por medio.
“Con mis abuelos realicé todas las labores agrícolas que puede haber y una vez que fui creciendo, corté caña, trabajé en el algodón y en las bananeras. Lo más duro es la caña. Quedás todo mieloso. Un asqueroso sufre ahí”, afirma entre risas.
Ahora Padilla sonríe a menudo. Sigue siendo silencioso, pero cuando tiene el clima de confianza a su alrededor, consigue explayarse sin inhibiciones. Es siempre de una sola pieza y no está interesado en mostrar lo que tiene, pero tampoco lo esconde.
“Uno no tiene que andar de fachento, pero debe sentir orgullo de lo que ha conseguido, sobre todo si lo ha obtenido a base de trabajo, como es mi caso. Todo el mundo sabe que en lo que tengo no hay nada turbio, todo ha salido del beisbol”, señala el lanzador.
EL BEISBOL, UNA BENDICIÓN
Y ciertamente, como suele afirmarlo, el beisbol ha sido una bendición para él, su familia y hasta sus amigos de infancia y juventud, muchos de los cuales trabajan en sus fincas o están integrados en algunos de sus negocios en el país.
“Los amigos de mi infancia no creo que me vean distinto. Siento que me aprecian y me respetan. Nos llevamos bien la mayoría y a mí me gusta compartir con ellos. Nunca me he sentido más que ninguno”, asegura Vicente.
Pero la verdad, es distinto. Su éxito en el beisbol le ha traído fama y mucho dinero. Sus necesidades son otras y su mundo es otro. Hay muchas atenciones a su alrededor y basta una expresión facial para que sus ayudantes reaccionen.
“Me gusta la vida que llevo. A veces me preguntan que si no me siento abrumado. Yo digo que lo que abruma es la pobreza. Pero Dios es quien tiene la última palabra y uno debe estar preparado para la escasez y la abundancia”, reflexiona.
Aunque tiene la fama de ser inquieto con las mujeres, casarse no está entre los planes de Padilla, al menos no por ahora. Asegura que el matrimonio es algo serio y que demanda tiempo y no está listo en este momento para ese compromiso.