Negocios Cuánticos

[doap_box title=»Nanolatinas» box_color=»#336699″ class=»archivo-aside»] Sin duda, la delantera en la región la lleva Brasil, que lanzó el Programa Nacional de Nanotecnología en 2004, además de un fondo que pasó de casi US$3 millones anuales en su inicio a US$48 millones en 2007, sólo contando los beneficios a empresas. Los resultados no tardaron en aflorar. En […]

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Sin duda, la delantera en la región la lleva Brasil, que lanzó el Programa Nacional de Nanotecnología en 2004, además de un fondo que pasó de casi US$3 millones anuales en su inicio a US$48 millones en 2007, sólo contando los beneficios a empresas. Los resultados no tardaron en aflorar. En 2004 un grupo de investigadores desarrolló una cobertura anticorrosión para ductos de acero. Al año siguiente sumaron una cobertura de dióxido de titanio que, bajo la acción de los rayos ultravioleta, destruye bacterias, hongos y toda materia orgánica de su superficie. Su uso está en servicios de agua, heladeras y lavadoras, entre otros.

Argentina, el otro país latino en desarrollar un plan para fomentar la nanotecnología, también ha generado sus primeros casos: Nanotek se ha especializado en la limpieza de contaminantes mediante el uso de nanoparticulas de hierro, además de apuntarse al pelotón de los bactericidas-fungicidas con un producto en base a plata. Mientras que la fabricante de neumáticos Darmex apuesta a la nanotecnología para mejorar la elasticidad de sus productos, y el Grupo Techint, desarrolló sus propias coberturas autolimpiantes y bactericidas para el acero.

En México, el Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología detectó 60 proyectos entre las 500 mayores empresas del ese país que se realizan junto a universidades locales, más 12 con entidades de Estados Unidos, 14 en Europa y dos en Asia.

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El chileno Miguel Ferrada, fundador y CEO de la consultora en I+D Cognoscible Technologies, tiene, literalmente, un ojo milimétrico para los negocios. A fines de los 90 se dio cuenta de que uniendo química y física estaba en la mejor posición para trabajar con materiales a nanoescala, es decir, un millón de veces menor al milímetro. Pero lo mejor es que lo pasó a la acción. Y con éxito. Hace poco la estatal Codelco le pidió que mejorara el concreto con que construye los túneles de la mina subterránea El Teniente. El material tenía mucho polvillo y no aprobaba para la norma ambiental ISO 14.000. Ferrada rediseñó el microsílice (polvo con que se fabrica el concreto). Hizo modificaciones sobre sus estructuras moleculares básicas y en 40 días creó un producto nuevo, al que bautizó Gaia. Es 66 veces más pequeño, casi cuatro veces más denso y, además, líquido. La mina dijo adiós al polvillo.

A El Teniente le tomó un año probar el producto. Pero a la postre lo sindicó como el único aceptable en sus obras. Sus ventajas no sólo fueron ambientales. Para el lamento de Holcin o Camargo Correa, el aditivo permite un ahorro de hasta un 40 por ciento de cemento y elimina el uso de plastificantes. Una construcción que antes requería una viga de dos metros de espesor, ahora puede ser soportada por una de 75 centímetros. Y si había que esperar 28 días para alcanzar altas resistencias, ahora sólo hay que esperar uno.

Con el primer éxito en la mano, Ferrada, que descubrió la física durante sus últimos años de licenciatura en química de la Universidad de Chile, no tardó en multiplicar la apuesta. Desarrolló Pangea, una versión de Gaia diseñada para la cementación de pozos petroleros premiada por el gobierno argentino, y un prototipo de un nanocemento que permite reducir en 35 por ciento los costos, además del consumo de energía y la emisión de CO2. “La nanotecnología bien hecha no sólo multiplica las aplicaciones, sino reduce los costos”, asegura Ferrada. “Su producción es más eficiente que la tradicional y la inversión más importante es el recurso humano”.

Con tantas bondades, la nanotecnología ha crecido exponencialmente en el último lustro, llegando a una producción mundial de 13 dígitos: US$1.1 billón. Y en el siguiente no se detendrá: alcanzará los US$4 billones en 2015, según calcula el informe Estado del Mercado de Nanotecnología del tercer cuatrimestre de 2008 que elabora la consultora Lux Research. Norman Poire, analista de Merryll Lynch, ve un crecimiento por 50 años.

La mala noticia es que el sector es apenas neonato y, según el mexicano Conacyt, las empresas latinoamericanas comparten con Oceanía y África el 3 por ciento del “resto del mundo” en el padrón nanotecnológico internacional.

(c) 2008, AméricaEconomía. Todos los derechos reservados.

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