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Al menos hasta el momento del pesaje de Román “Chocolatito” González, los miembros del equipo de trabajo del pugilista pinolero habían quedado bien.
“Viste que nunca les mentimos. Incluso, pronostiqué que Román pesaría menos de 105 libras y así fue”, dijo Gustavo Herrera, en alusión a las 104.5 libras, que oficialmente le reconoció la AMB, a través de Renzo Bagnariol.
La ceremonia fue muy solemne. Hubo diversas lecturas de reglas y demás condiciones y luego que Yutaka Niida pasó por la báscula y la superó exitosamente con 104.3 libras, le tocó el turno a González, quien lució muy seguro.
En cuando superó el trago amargo, Fernando Sánchez le pasó una bandera de Nicaragua y la ráfaga de flashes lo encontró cubierto con el pabellón nacional. Aún sin ingerir nada, el semblante de Román era distinto y de alivio.
Al bajar de la pesa, Sánchez le pasó un banano y casi se lo tragó de un solo. Luego tomó dos cajitas de jugo y mucha agua. Se estimaba que González estaría encima de las 117 libras al momento que sonara la campana.
“Ésta es una victoria psicológica, ahora sólo falta la victoria real”, dijo el “Chocolatito” mientras era solicitado por la prensa japonesa, que lucía encantada por la fluidez y por la amabilidad que les muestra el boxeador nica.
González descansó tras el pesaje y las entrevistas en el hotel, y luego fue a la residencia del embajador nica, Saúl Arana, donde continuó con el proceso de recuperación de su tonelaje. Había comida nica y eso le satisfizo mucho.
“Antes de ir a la ceremonia oficial, nosotros lo habíamos pesado y nunca tuvimos duda de que Román saldría bien, y en relación a si estaría débil, yo no lo creo. Él no estuvo a boca cerrada. Tomó líquidos”, nos dijo Carlo Pilato.
De regreso al hotel, González se relajó un poco, estuvo por el vestíbulo y se fue a descansar con la esperanza de amanecer al máximo de ánimo y de condiciones para lo que sería la jornada más importante de su joven carrera.