(la prensa/ap)

Bardem y el mundo de los “Invisibles”

Ha sido un sádico asesino en No es país para viejos, un macho con ansias de poder y dinero en Huevos de oro y un seductor aprendiz de torero en Jamón, Jamón. Ahora, Javier Bardem presenta uno de sus lados más humanos en el cine: cinco cortometrajes que denuncian las condiciones en que viven las […]

  • Ha sido un sádico asesino en No es país para viejos, un macho con ansias de poder y dinero en Huevos de oro y un seductor aprendiz de torero en Jamón, Jamón. Ahora, Javier Bardem presenta uno de sus lados más humanos en el cine: cinco cortometrajes que denuncian las condiciones en que viven las víctimas de los conflictos olvidados del mundo. Son los Invisibles cuyas historias el actor quiso contar
[doap_box title=»Los invisibles» box_color=»#336699″ class=»archivo-aside»]

Los invisibles de Bardem

El mal de Chagas en Bolivia

La enfermedad del sueño en África Central

La inseguridad de los menores en Uganda

La violencia sexual contra las mujeres en Congo

Los desplazados en Colombia

[/doap_box]

La última vez que había visto a Bardem llevaba un corte de pelo horrible y daba miedo. Creo que el cine entero se moría de miedo al ver al sádico asesino que encaraba en No es país para viejos, la película de los hermanos Coen con la que ganó este año el Oscar al mejor actor de reparto.

Por suerte, para cuando llegué a Madrid para entrevistarlo armada con las preguntas de los lectores y el micrófono de BBC Estudio Abierto, ya no asustaba tanto.

Además, todos (ustedes, Bardem y yo) estábamos allí para hablar no tanto de cine como de una causa mayor: los invisibles.

“Invisibles” son los personajes principales de los cinco cortometrajes que el actor español produjo en colaboración con Médicos Sin Fronteras.

Son cinco historias representativas del “top ten” de los conflictos olvidados del mundo, entre los que se encuentran dos casos latinoamericanos: la enfermedad de Chagas en Bolivia y los desplazados en Colombia.

Para Bardem, la invisibilidad de las víctimas olvidadas del mundo tiene que ver con el instinto humano de supervivencia y con “el no querer ver” de las sociedades occidentales.

“A medida que queremos proteger lo nuestro somos mucho más inmunes al dolor del prójimo. Es una forma egoísta de preservar lo que tenemos y es un denominador común de todos los seres humanos, creo”.

“Pero en las sociedades occidentales la coraza viene reforzada por muchísimos prejuicios, miedos y egoísmos puramente mercantiles y económicos”.

Bardem recuerda con ironía una foto publicada a raíz de la catástrofe del tsunami que en diciembre de 2004 dejó más de 200,000 muertos repartidos por las costas del Océano Índico.

“La imagen mostraba a un bañista mirando un poquito de espuma en el horizonte, y se leía ‘Hombre mirando cómo el tsunami se aproxima’”.

“Yo creo que todas las miserias que nos rodean en el mundo son un tsunami que se está acercando y que va a devorarnos, y con todo el derecho del mundo porque nuestro bienestar está basado y construido en su pobreza y en su explotación”.

Bardem duda de que ese tsunami se pueda parar. “No lo sé”, dijo, “no sé si el G8 tendrá la respuesta y si la tiene, si haría algo al respecto. Me parece que no”.

Con Invisibles, dice, lo que pretendía era poner su “granito de arena” y “homenajear a aquéllos que sí creen que hay una solución por lo menos diaria. La de estar en el terreno, la de la ayuda permanente y constante a todas estas comunidades de invisibles”.

Aún así, reconoce que después de la atención pública generada por titulares y premios, como el Goya que ganó en España al mejor documental de 2007, es probable que esos invisibles se vuelvan a quedar en el olvido.

“Si es que una de las cosas que tenemos en esta sociedad de las grandes comunicaciones es que todo dura un segundo. Todo va a una velocidad que es imposible de digerir. De ahí la falta de interés”, dijo.

Últimamente está muy de moda eso de que los artistas e incluso algunas multinacionales se suban al tren de las causas benéficas, que varían desde los desplazados en Sudán y el comercio justo hasta la lucha contra el calentamiento global.

Algunos de nuestros lectores se preguntaban si los famosos que se embarcan en estas luchas sociales lo hacen desde un compromiso honesto o por una mera cuestión de imagen pública.

“¿Y aquéllos que critican, qué hacen?”, se pregunta Bardem.

“Es muy pobre la mentalidad de las personas que proyectan su miseria en aquéllos que intentan ayudar como pueden. Es penoso y habla mucho de su propia forma de ver el mundo”.

Además del proyecto Invisibles, el actor está sumamente involucrado en la campaña de recogida de firmas “Todos con el Sahara”, que le pide al Gobierno español que le reconozca status diplomático al Frente Polisario, el grupo que lucha por lograr la independencia del Sahara Occidental.

Sin embargo, Bardem no cree que el ser un artista reconocido conlleve algún tipo de responsabilidad social.

“No, en absoluto. La responsabilidad viene como ciudadano. Cada uno tiene la suya y hará con la suya lo que quiera”.

“Hay mucha gente que cree que te tiene que poseer o que tiene el derecho de poder sacar algo de ti porque eres una figura pública”.

“Pero yo no soy una figura pública. Yo hago un trabajo que se va al público, nada más”.

“Eso no te da ninguna responsabilidad frente a nada. Sólo que cuando hagas tu trabajo, lo hagas bien”.

Puede interesarte

×

El contenido de LA PRENSA es el resultado de mucho esfuerzo. Te invitamos a compartirlo y así contribuís a mantener vivo el periodismo independiente en Nicaragua.

Comparte nuestro enlace:

Si aún no sos suscriptor, te invitamos a suscribirte aquí