- Cartas al director
Caudillismo
El caudillismo existe no sólo porque hay caudillos, sino que hay caudillos porque hay quien los pide.
Érase un país…
Érase una vez… mi país aunque no era perfecto tenía beneficios para todos, la gente tenía trabajo con un salario digno, el servicio de energía era estable y el agua cristalina nunca fallaba en los hogares y a los consumidores se les cobraba un precio justo.
La educación familiar era de gran confianza, existía una mutua comunicación sobre todo entre los adolescentes y sus padres, los que buscaban distraer a los hijos desde pequeños de una manera sana, como compartir un libro de cuentos, anécdotas, etc.
La educación escolar era de gran calidad, los estudiantes se esforzaban por sobresalir en las actividades de las escuelas y al llegar a la universidad eran preparados verdaderamente para enfrentar las dificultades de la vida y tener un empleo justo.
Los alimentos estaban al alcance de los bolsillos y solamente en un menor porcentaje de la gente existía hambre. Los combustibles tenían un precio balanceado y había medidas formales para ahorrar el producto.
Había un índice pequeñísimo de violencia, grupos delictivos en menor cantidad que las autoridades enfrentaban para mantener la paz y tranquilidad de la nación, tampoco existía la que hoy es conocida como “nota roja”.
Los medios televisivos tenían programas nacionales, culturales y educativos, en donde informaban y orientaban a la población, asimismo los medios radiales en donde se usaba un lenguaje de calidad, siempre buscando cómo cuidar el oído del radioescucha y la imagen a través de la pantalla chica.
La gente, incluso los jóvenes, asistía a sus actividades religiosas todos los domingos con gran entusiasmo, como si imaginaban ir a una gran fiesta, luego compartían lecturas dominicales en conjunto con sus padres y misioneros.
Los políticos hacían y asignaban leyes que fueran de interés para toda la población así como para ellos, la justicia era impecable y con grandes méritos, todos buscando hacer un mundo mejor.
Érase una vez un país en armonía, un país donde todo era justo, digno y se luchaba verdaderamente por los intereses ciudadanos y la comunidad se dedicaba a resolver sus problemas pacíficamente, respetando el marco de la ley expuesta por las autoridades.
Éste es el país que en un futuro debe crearse, símbolo de paz, de libertad, de unión, de justicia e igualdad entre todos y para todos.
Róger Salinas Gallegos Rivas
Reformas
Nuestra Constitución Política establece que nunca más Daniel Ortega será candidato a la Presidencia de la República al estar cumpliendo, con éste, su segundo (y por tanto último) período presidencial. Según esta misma Constitución, ni doña Rosario Murillo ni ningún miembro de la familia Ortega-Murillo pueden ser candidatos presidenciales para el 2011 por su familiaridad con el Presidente.
El fuego, que significa la desgracia de soportar los desgobiernos de Ortega, se apagará por sí mismo si los nicaragüenses nos oponemos aun a costa de nuestra propia vida a las reformas constitucionales que pretenden realizar los diputados sandinistas y sus aliados (si es que los tienen) entre los diputados electos por los sectores democráticos de ALN, PLC y MRS, a los que desde ya suplico, en nombre de las generaciones futuras, que no permitan ni siquiera que se hable de reformas constitucionales que sólo permitirían la continuidad de la dictadura.
“Mientras Nicaragua tenga hijos que la amen, Nicaragua será libre… y si morimos no importa otros nos seguirán”.
Moisés Ruiz Romero
Cantor del pueblo
Carlos Mejía Godoy, cantautor del pue-blo de Nicaragua y de su gesta heroica de derrotar a la dictadura militar somocista, observó antes que muchos otros la transformación de los verdaderos valores revolucionarios de la cúpula del poder danielista, los que hoy sin ningún pudor posan en la que para mí es la foto más repulsiva de la historia de Nicaragua (Herrera, Castro, Daniel, Alemán, etc., etc.), foto que grafica el fin definitivo de la Revolución Popular Sandinista.
Hasta ese momento miles de sandinistas creíamos aún en aquella dirigencia que nos guió por los caminos de la honradez, de la solidaridad, de la mística, de la ansiada construcción del hombre nuevo. Los de abajo teníamos fe y creíamos en esos dirigentes, estoy seguro que hubiésemos preferido perder cuatro elecciones más, antes de vender nuestros principios, como se hizo, para poder obtener un mezquino poder.
Defendí en diversas ocasiones a la revolución en los batallones 50-12, en el 56-18 y la 31 Brigada de Infantería; y como secretario político del FSLN en mi centro de trabajo.
Me fueron separando del partido las aberraciones como la descrita anteriormente, de tener que negociar con individuos despreciables, la súper piñata que convirtió a hombres de a pie en propietarios de fortunas y empresas, con la desfachatez de seguirse llamándose revolucionarios.
Recuerdo con mucha tristeza haber convencido a compañeros a movilizarse a los frentes de guerra, que luego fueron muertos en acciones heroicas; compañeros que estoy seguro hoy lamentan su sacrificio, que sirvió para que hoy una élite de seudorrevolucionarios fomentan en tarimas perfumadas y enfloradas el culto a la personalidad.
Pero la revolución por ser verdadera retornará a las calles, retornará al pueblo, abandonará las tarimas enfloradas; y para darle fuerza a esta transición estará Carlos y Luis Enrique y otros cantores, cantando como sólo ellos saben hacerlo.
Sé que lograr este objetivo llevará tiempo, pero la marcha ha comenzado, pues en la marchas que los medios oficiales (iguales a Novedades) llaman de la oligarquía o de la derecha, me encuentro con innumerables compañeros de aquellas movilizaciones y jornadas, sandinistas probados en lo militar y en lo ideológico.
La Nicaragua Nicaragüita y el canto de Carlos Mejía Godoy seguirán existiendo eternamente, mientras exista Nicaragua, cuando las tarimas enfloradas y el culto a la personalidad, y las aguas Perrier sean un vago cuento que se enseñe a los niños en las escuelas.
Humberto Santamaría Romero
Ex militante FSLN de broche y carnet
“Hablemos del idioma”
Soy un colombiano que acostumbra a leer por la web asiduamente LA PRENSA y la columna Hablemos del Idioma, de la profesora Inés Izquierdo, sobre el uso correcto de nuestro idioma, que es de una claridad e ilustración formidables por decir lo menos, en unos tiempos donde la globalización sumada a tanto extranjerismo van devaluando sobre todo en las nuevas generaciones de hispanoparlantes el uso correcto de nuestro idioma común, tan hermoso y rico en conceptos.
Felicito a la profesora Izquierdo por su excelente columna en defensa e ilustración sobre el correcto uso de nuestra lengua, escrita por una coterránea de Darío, orgullo de nuestra lengua y de Nicaragua.
Muchas gracias por darnos esa ilustración.
Rodrigo Rozo
Elecciones
He oído decir que las elecciones de alcaldes deben ser separadas de las de Presidente, diputados, etc., porque de esa forma se fortalece la democracia.
Argumentan que el pueblo no está preparado para diferenciar el sentido de las dos elecciones y que se vota en cascada.
Vale la pena preguntarse si eso es cierto, pero yo creo que la gente sí sabe la diferencia entre ambas, y considero que es tiempo de que se vuelvan a juntar.
Hay que considerar el gran costo económico que para el país significa que sean separadas, más teniendo en cuenta el alto índice de abstención que se presenta en las municipales. Un país tan pobre como éste no puede darse ciertos lujos y tener elecciones separadas lo es, por eso creo que hay que modificar la ley y hacer las elecciones juntas por el bien de todos, esa gran cantidad de dinero que se invierte en las municipales hace una gran falta para realizar programas que ayuden a que la pobreza sea menor de la que tenemos.
He leído en los reportajes de LA PRENSA sobre las elecciones municipales, que todos los alcaldes justifican el no cumplimiento de sus planes de gobierno, porque el período de cuatro años es muy corto y les doy la razón, sería correcto que sea también de cinco años y que así la eficiencia de los alcaldes sea mayor.
Hugo Zelaya Blandón