- Ha actuado en 11 telenovelas y programas transmitidos por Univisión y Telemundo
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CORRESPONSAL/MIAMI
Si alguien sabe bien lo que significa comenzar desde muy abajo, durmiendo en las calles y botando basura para ganarse un plato de comida, esa persona es Guadalupe Hernández, un nicaragüense radicado en Miami que logró convertirse en actor y locutor de radio y televisión, ahora cosecha reconocimientos.
Guadalupe, a quien sus amigos llaman cariñosamente Lupe, es un hombre de ojos verdes y piel clara. Es jovial, sencillo, entusiasta e incansable trabajador.
Dice sentirse orgulloso de sus raíces. “Yo digo que soy nicaragüense, me siento orgulloso, en Nicaragua viven mis padres y casi toda mi familia”, explicó al ser entrevistado por LA PRENSA.
Su carrera como actor le ha costado sudor, desvelos y en ocasiones sufrir la indiferencia de algunas personas del espectáculo, pero eso nunca fue un motivo para desanimarse. Se considera un guerrero, que cuando tiene metas, busca, toca puertas y algunas se abrirán, como le ha sucedido.
Ha actuado en 11 telenovelas, entre ellas Pecados Ajenos en la que desempeñó el papel de Esteban. Otras son: Amor Comprado, Bajo las Riendas del Amor y Dame Chocolate, en la que hizo una aparición breve al inicio y al final.
También actuó en el Amor no tiene Precio y Tierra de Pasiones.
EN LA TELENOVELA VALERIA
Lupe ha trabajado en dramas-reality show, entre las que destacan Historias para Contar y Decisiones, transmitidas por las dos cadenas de televisión más importantes en Estados Unidos, Univisión y Telemundo.
Ha sido conductor de programas investigativos de televisión, como Desaparecidos, Orígenes y Presencias. Igual ha laborado para la televisión anglosajona, en comedias y películas, además de hacer obras de teatro y programas de radio.
Actualmente actúa en la novela Valeria, que pronto se transmitirá por la cadena Univisión, en la que trabaja junto a la actriz mexicana Alejandra Lazcano, la protagonista de la historia, y Carolina Tejera, actriz venezolana que desarrolla el papel antagónico en la novela.
Lupe salió de Nicaragua cuando tenía 19 años de edad, a causa de la guerra. La travesía la realizó vía terrestre hasta Chiapas, México, donde fue asaltado y despojado de todo el dinero que llevaba para sobrevivir.
“Me puse a trabajar apilando sacos de granos básicos, estaba chamaco y era fuerte; ahorre dinero para continuar mi trayecto hacia México Distrito Federal”, agrega.
A CORTAR CAFÉ EN VEZ DE ESTUDIAR
En el año 1981 regresó a Nicaragua para estudiar Administración de Empresas, en el Recinto Universitario Carlos Fonseca Amador (RUCFA), “pero la verdad es que nunca estudiaba porque me mandaban a cortar café o algodón, los estudiantes eran obligados a movilizarse para recoger las cosechas sin recibir remuneración, sin embargo eran promovidos de curso; eso a mi papá no le gustó y me dijo que no estaba estudiando nada y volví a salir de Nicaragua en el 83, buscando cómo estudiar en el extranjero”.
Al llegar a México sus intenciones de estudiar actuación no prosperaron debido a que no tenía documentos de permanencia legal en ese país, y para no frustrarse trabajó como actor de la fotonovela Casos de Alarma.
También laboró como chofer y por las noches aprovechaba el tiempo libre para estudiar algo de actuación en el Distrito Cuauhtémoc, hasta que decidió continuar hacia Estados Unidos.
DURMIENDO EN UN AUTO VIEJO
En 1988 Lupe logró cruzar la frontera norte de México y días después estaba en el downtown de Miami. “Lo primero que hice fue preguntar dónde estaba la mayor afluencia de nicaragüenses, me dijeron que en Sweetwater; venía buscando gente de mi tierra y tomé un bus hasta llegar a la West Flagler y la 105 avenida, pero no vi a nadie conocido y empecé a caminar”.
Llegó la noche y el cansancio lo venció, durmió en la banca de un negocio que había en la 107 avenida y la West Flagler.
“Al día siguiente busqué dónde dormir, miré que había un carrito abandonado en las afueras de un taller y pregunté a uno de los muchachos que estaba en el lugar si me daban un chance para dormir ahí, porque no tenía dónde pasar la noche. Él me dijo que podía quedarme, ahí dormí dos meses; además, me prestaron la dirección postal del negocio para que pudiera recibir mis papeles de inmigración, estaba a la espera del permiso de trabajo y mi número de Seguro Social”, relata Lupe.
DESMAYO LABORAL
Recuerda que se levantaba en la madrugada del auto en que dormía y se trasladaba a la 114 avenida y la West Flagler, donde construían una pista de patinaje y un vigilante de origen nicaragüense le permitía bañarse. Luego se trasladaba a un restaurante nicaragüense, de donde sacaba la basura y al finalizar la faena los empleados del lugar le daban un buen plato de comida.
“Me comía la mitad en la mañana y la otra la dejaba para en la noche, me iba a dar mis vueltas en busca de trabajo y me encontré a un señor cubano que se llama Rigoberto Martínez. Los muchachos que trabajaban con él en la construcción le habían dicho que yo era un “homeless” (desamparado) que andaba buscando trabajo; el señor me pregunto que si quería trabajar y yo inmediatamente acepté”.
El trabajo consistía en romper aceras con una perforadora de concreto y el primer día se desmayó. Estaba débil y el trabajo era pesado. Ríe. “Me jalaron debajo de un árbol de Chilamate hasta que me recuperé, luego seguí trabajando”.
“Ahí estuve trabajando hasta que me llegaron los papeles –de Inmigración- y busque otras oportunidades”, relató.