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Muchos adolescentes perciben que existe una brecha generacional insalvable entre ellos y sus padres, pero usted puede ganarse la fama de ser una mamá tremenda al mantener con su hijo conversaciones cordiales y amenas, así como al involucrarse en las actividades que le interesan.
Póngase en el lugar de su hijo, recuerde cómo vivió esa etapa y cuáles eran las cosas que le molestaban de sus progenitores, para aprender de esa experiencia al no repetir las mismas equivocaciones.
Siempre en contacto
Un punto en el que se suele fallar es en la capacidad de escuchar. Preséntese accesible y procure estar atenta a lo que diga sin minimizarlo ni ridiculizarlo, esperando a que finalice para intervenir. Los muchachos tienen la necesidad como cualquiera de expresar lo que sienten y a veces no nos comunicamos bien porque en vez de dialogar, establecemos un monólogo, critica el psicólogo Antonio Aburto. En este sentido, el joven debe tener un espacio en la familia para poder discernir y opinar.
Asimismo, para contar con asuntos divertidos de qué hablar y así entrar en sintonía con su adolescente, es necesario que se mantenga al día con las modas, cuestiones y actividades que le atraen. Además, mientras más conozca su mundo mejor podrá orientarlo. No obstante, su interés debe ser genuino y no únicamente por un afán de controlarlo, los chicos fácilmente perciben esta situación y más bien podrían cerrarle el acceso.
Los padres suelen escandalizarse por el estilo de vestir o por la música que prefieren los jóvenes. La tolerancia de los gustos individuales es esencial. No se debe sólo censurar y criticar, sino estar abierta a un intercambio de ideas en el que se pueda negociar de una forma serena sin mostrarse como la dueña de la verdad absoluta.
Encontrar el balance
La psicóloga Ledia Gutiérrez asegura que para encontrar puntos en común con el adolescente no se tiene que renunciar a las cosas que a usted le satisfacen. Es necesario desarrollar la capacidad para establecer tiempo tanto para los hijos como para sí misma. Hay que respetar que el joven tenga su preferencia y que él aprenda a respetar las suyas y en algún momento hacer una conjugación, pero nunca romper el vínculo.
Por otro lado, en la medida en que se cree un ambiente familiar agradable y se le induzca de una manera invitadora a participar en actividades de esta naturaleza, el adolescente se dará cuenta que también se la puede pasar bien con los suyos. Sin necesidad de exigirle, sabrá que tiene que dejar un tiempo para compartir en familia.
Aceptarlo como es
La formación de los hijos tiene hasta cierto punto un límite, porque no es posible convertirlos en lo que usted quiere que sea. Se trata de otra persona con sus virtudes, defectos y propias capacidades. El arte está entonces en descubrir sus habilidades y aptitudes para potenciarlas al máximo y que sea el ser más feliz del mundo porque existió ese apoyo incondicional, advierte Aburto.