- Así se vivió el juego entre Italia y Francia en Zúrich
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Mientras Rumania y Holanda batallaban en Berna, Francia e Italia luchaban por ganar el pase a los cuartos de final de la Euro.
Mr. Joseph Blatter llegó muy temprano al estadio de Zúrich, no se quería perder la revancha de Francia ante los italianos. Muy discretamente entró en la zona VIP, pero era imposible, el presidente de la FIFA recibió toda la atención.
Pero el partido inició y las 40 mil miradas presentes en el colosal estadio se centraron en el campo de juego. Aquello parecía una guerra no sólo en el campo, sino también en las gradas.
“Italia, Italia” se escuchaba en un lado del estadio y en el otro, los franceses coreaban “Viva Francia, a ganar, a ganar”.
Pero los gritos de la tropa de Domenech fueron calmados, apareció el maestro de la media cancha italiana, Andrea Pirlo. Era el momento de cobrar el penalti, tras una falta que cometió en el área la defensa francesa.
Las barras en total silencio, ambas rezando, pero pidiendo deseos opuestos. Unos que Pirlo fallara, que el balón no perforara el marco, y otros haciendo las promesas de su vida para que el mediocampista del Milán definiera.
Mientras los fanáticos rezaban, para Pirlo sólo existía un rival, el portero francés. Fríamente y sin titubear aniquiló al portero y el estadio tembló cuando la afición italiana gritó: ¡Gol!
Los franceses quedaron atónitos, viendo como ese pequeño esférico entraba en su portería. A partir de ese momento, el estrés, la tensión de las tribunas aumentó y se transfirió a la cancha de juego. Los roces entre algunos seleccionados agitaban el ánimo de las barras, mientras los guardias de seguridad se duplicaban para prever cualquier evento de violencia.
Algunos aficionados pedían amarillas para la defensa italiana que constantemente frenaba a Thierry Henry.
“Amarilla árbitro, por favor amarilla, qué no tiene ojos”, decía un francés exaltado, con ganas de quitarle el pito al juez del partido para concederle un penalti a Francia y tuviera la oportunidad del empate.
Fueron 90 minutos de extrema presión, italianos y franceses vivieron sus 90 minutos más largos que hayan vivido. Se recordó aquella final de Alemania del 2006 y la historia parecía repetirse.