Una nueva lucha

Son las cinco y media de la mañana. Abre sus ojos. Lo primero que siente es fatiga y algo similar a mordiscos en el estómago. Se queda quieta, sabe que debe guardar las energías para después… Un después que puede ser de varios días. A esta hora estaría nadando en una piscina. Sin embargo, está […]

Son las cinco y media de la mañana. Abre sus ojos. Lo primero que siente es fatiga y algo similar a mordiscos en el estómago. Se queda quieta, sabe que debe guardar las energías para después… Un después que puede ser de varios días.

A esta hora estaría nadando en una piscina. Sin embargo, está en una casa de campaña en el predio baldío cercano a la Rotonda Rubén Darío. Quizás su vieja rutina es la que le ha permitido permanecer inmutable a más de una semana en huelga de hambre.

—Estaré aquí lo que sea necesario –suele decir esta mujer de 52 años, a los periodistas que le preguntan una y otra vez hasta cuándo se mantendrá sin probar alimento alguno. Esta mujer es Dora María Téllez, aquella que siendo una joven de 22 años era una guerrillera que se tomó el Palacio Nacional.

Ya no viste de verde olivo sino de camiseta naranja y blue jeans. En su pelo cenizo ensortijado no luce aquella boina que la acompaño cuando luchaba contra la dictadura tiránica de los Somoza. Hoy su realidad es distinta. Pero hay características que no han podido variar al paso de los años: su carácter, su rebeldía pero sobre todo su fuerza de voluntad.

Llegué durante una semana a entrevistarla. A ella y a muchos otros que han desfilado por aquí. Unos expresando su solidaridad, otros buscando el lente de las cámaras de televisión. He pasado horas cerca de su hamaca en una champita instalada por ella misma.

—Hola Dora María. Usted me tuvo preso hace ya casi 30 años –le dice un señor calvo de mediana estatura con acento de costeño.

—Sí, cómo es la vida. Yo lo tuve preso en la toma del Palacio –me explica Dora María.

Se trata del diputado Stanford Cash quien se desempeñaba como diputado en 1978 cuando esta mujer, que se mece taciturna en la hamaca, empuñaba un fusil.

Cuando llegaron unos estudiantes de la UCA, Dora María se bajó de su hamaca y se sentó en el suelo con ellos. Parece una maestra explicando a sus alumnos cómo se pretende instituir un bipartidismo. “Es como que te pongan a escoger un novio o una novia entre sólo dos candidatos”, les dice.

La huelga de hambre por momentos se convierte en una especie de feria. Un vendedor de raspados se pone a unos dos metros de Dora María. A veces quien puede tentarla es una vendedora de cajetas o alguien que pasa comiendo. Ella, sin embargo, parece ignorarlos.

Otras señoras se ponen a vender camisetas y calcomanías alusivas a la ocasión. Las pulseras con las letras MRS (Movimiento Renovador Sandinista) también son solicitadas por los visitantes.

Incluso a quienes llegan a tomarse una foto con Dora María, quien siempre tiene una sonrisa aunque sea fugaz para su acompañante de turno. Es desobediente a las sugerencias médicas: habla y camina mucho aunque le digan que debe evitarlo. Aún así es la más fuerte de los tres huelguistas.

—¿Cómo se siente de estar luchando contra quienes usted estuvo a la par? –le pregunta una periodista.

—Sí, pero es que yo estoy a la par de los que siempre he estado a la par. Siempre he estado luchando por Nicaragua, por la justicia social y así voy a estar –responde la ex guerrillera que ahora es una de las grandes críticas del presidente Daniel Ortega; su compañero de lucha.

Son las tres y media de la tarde. Ahora escucha atenta la radio. Después de enterarse que el Consejo Supremo Electoral decidió cancelar la personalidad jurídica del MRS se queda en silencio. Murmura. Promete continuar en huelga.

En un perfil realizado por el Diario El País en 1986, cuando Dora María desempeñaba un cargo en el primer Gobierno de Ortega declaró: “Yo no tengo preferencia por ningún puesto específico. Me siento realizada en cualquier lugar en el que pueda aportar algo. Hoy me toca ser Ministra de Salud (…) bueno, puede que mañana me toque ser combatiente otra vez”.

Desde su hamaca, con el estómago vacío, ella está librando una nueva lucha…

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