Un fanático holandés representa con su lengua lo que su equipo hizo ayer contra Italia: un “irrespeto” al actual campeón del mundo, tras la goleada que les propinó. (LA PRENSA/AP)

Italia se rindió ante Holanda

Una fiesta de goles [doap_box title=»Resucitan» box_color=»#336699″ class=»archivo-aside»] La Máquina Naranja parece resucitar de los escombros en los que se hundían cada vez más. Un señor con una copa inflable de juguete de la Euro se paseaba extasiado por la fila frontal del campo, haciendo alusión que el próximo campeón será Holanda. ¿Lo lograrán? Al […]

  • Una fiesta de goles
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La Máquina Naranja parece resucitar de los escombros en los que se hundían cada vez más.

Un señor con una copa inflable de juguete de la Euro se paseaba extasiado por la fila frontal del campo, haciendo alusión que el próximo campeón será Holanda.

¿Lo lograrán? Al parecer los soldados de Van Basten están listos para ganar la guerra de la Eurocopa, un torneo que parece desfavorecer a los italianos. De modo que tengan cuidado con ellos.

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ENVIADA ESPECIAL/ SUIZA

Una reverencia de la marea naranja alabó el plantel de Van Basten en una noche donde Holanda se apoderó del estadio de Berna en Suiza, tras derrotar 3-0 a la campeona del mundo, Italia.

Una muy animada y ardiente barra holandesa llenó el estadio de Berna e inspiró a sus jugadores para que ofrecieran un debut convincente en la Eurocopa.

Todo comenzó en paz y sentimental para los campeones del mundo. Una manta que se extendía en la parte frontal de una de las graderías que decía “Italia, a chiamo” (Italia te amo) terminó siendo pisoteada por los mismos fanáticos que se fueron decepcionados por la actuación de su equipo.

Un rostro de desilusión se podía notar en Andrea Pirlo. Por mucho que Genaro Gattuso utilizó sus típicas maniobras defensivas, no logró frenar a sus rivales, que hicieron suyo el campo, aprovechando todo el espacio que la defensa italiana permitía.

Voces en coro decían: “Holland, Holland” . Se escuchaba de forma ensordecedora, quedando como eco dentro de las inmensas paredes del estadio. Estos ánimos de la barra proporcionaron una dosis más intensa de ataque para la selección holandesa.

El gol apareció y no fue del campeón italiano, sino de Van Nistelrooy.

La gente siguió la jugada y quedó grabado cómo Wesley Sneijder disparó fuertemente desde el lateral derecho, hallando los mágicos pies de “Van Gol”. Eso bastó para que esas miles de gargantas gritaran con todo corazón y pulmón el primer tanto de Holanda.

El estadio se transformó en una locura, mientras los italianos escondían las banderas lentamente y se quedaban mudos ante la anotación de sus rivales.

La faena holandesa siguió fabricando goles y sus fanáticos no dejaron de bailar y gritar los nombres de cada uno de los jugadores. Era un espectáculo futbolístico, lleno de emoción, pasión, lucha y goles fabricados de primera línea.

Sneijder, el “pequeño gigante” que viste el número 10 de Holanda, desempeñó un trabajo de excelencia y fue el encargado de anotar el segundo tanto.

Gio Bronckhorst selló el resultado final y el arqueo Van der Sar fue el inquebrantable escudo de acero que no pudieron penetrar los italianos.

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