- Las grandes fabricantes de neumáticos y la mayor productora mundial de reencauchados se enfrentan en una batalla ambiental
Hace algunas semanas los desechos de neumáticos usados fueron apuntados con el dedo de los especialistas en salud pública como uno de los principales responsables de la propagación de la epidemia del dengue en Río de Janeiro. Claro, el indeseado mosquito Aedes aegyptis, transmisor de esa enfermedad tropical, tiene entre sus moradas preferidas los tarros, la chatarra y las ruedas de caucho.
Además, a diferencia de otros productos como plástico, vidrio y papel, los neumáticos son más caros de reciclar y su tamaño desincentiva a la gente a separarlos y entregarlos. Pero hay una industria que saca provecho de estos desechos: la de remanufactura —más popularmente conocida como reencauche—, encabezada por la brasileña BS Colway, la mayor productora mundial de reencauchados y principal importadora latinoamericana de neumáticos usados, al menos hasta diciembre, cuando se suspendió la compra de ese material en Brasil.
Y es que el ciclo de vida de los neumáticos anida no sólo a insectos, sino también una pelea internacional que envuelve a la mencionada industria, los fabricantes de neumáticos nuevos, ambientalistas, la Unión Europea (UE), los países del Mercosur, cortes brasileñas y la Organización Mundial del Comercio (OMC). El problema es que las marcas tradicionales se sienten amenazadas.
“Europa echa su basura en América Latina. Mandándonos neumáticos usados se libra de su pasivo ambiental y nos crea un problema”, dice Eugenio Deliberato, presidente hasta 2007 de la Asociación Nacional de la Industria de Neumáticos (ANIP) en Brasil, que representa a multinacionales como Goodyear, Pirelli, Michelin y Bridgestone-Firestone, “Los europeos generan ciclo económico y nosotros quemamos los restos”.
Según él, la competencia “desleal” de las importaciones de neumáticos usados y nuevos de China (entre 30 por ciento y 40 por ciento más baratos) ha quitado dinamismo a las ventas de la industria, que crecieron sólo 10 por ciento en 2007, mientras las de vehículos aumentaron 27.8 por ciento. “Dejamos crear 4,500 puestos de trabajo con sueldo medio de US$1,000, y de adquirir el equivalente a US$500 millones en materias primas en el mercado nacional”, se queja.
La pelea fue oída por la Cancillería brasileña que, siguiendo los pasos del gobierno argentino —que cerró el año pasado la importación de neumáticos usados—, consiguió en la OMC el fin de las compras desde Europa. Ésta también debe prohibir las procedentes de Uruguay y Paraguay, que ya están paralizadas.
Según la ANIP, el sector ha invertido US$55 millones desde 2004 (serán US$15 millones más en 2008) con la instalación de 283 puntos de colecta y la creación de Reciclanip, una entidad que opera y ejecuta la logística de reciclaje. Desde 1999 la industria recicló 156 millones de neumáticos de autos de paseo, 85 por ciento de ellos en coprocesamiento de industrias de cemento (usados como combustible alternativo), triturados y quemados en hornos de cementeras, que pueden ser empleados como componentes de asfalto y suelas de zapatos, entre otros usos.
Ni tan malos
Los fabricantes de neumáticos alegan que la remanufactura no se permite en los países del primer mundo. “La BS Colway usa el nombre de una empresa inglesa que ya no existe”, acusa Deliberato, aludiendo a cuestiones ambientales.
Es cierto. C-Tyres Ltd., dueña de la marca Colway Tyres y principal productora de reencauchados del Reino Unido, cerró sus puertas a fines de octubre. Pero lo hizo por una simple deuda de alquiler.
De hecho, el negocio de reencauchar está bien evaluado en el viejo continente. En febrero, The Waste & Resources Action Programme (WRAP), una respetada ONG británica, recomendaba los reencauchados como ambientalmente amigables. “En los países del primer mundo, los procesos de remanufactura son considerados una forma inteligente de reciclaje, porque aumentan el ciclo de vida y la utilidad de los productos con impacto ambiental reducido”, dice Marcus Piaskowy, profesor de Relaciones Internacionales de la Escuela Superior de Propaganda y Marketing (ESPM), en São Paulo, y consultor asociado de AT Kearney.
Para el ambientalista brasileño Gert Roland Fischer, galardonado con el premio Global 500 de la ONU, el movimiento ecologista y los gobiernos sudamericanos se equivocan al evaluar el tema.
“Acabaron con una de las mejores soluciones para el reciclaje de neumáticos. Los ambientalistas sólo saben de ecología, no saben nada de economía, y el medio ambiente no es un partido político, es la supervivencia del ser humano”, dice. Y pone como ejemplo a BS Colway, que, sin poder importar neumáticos usados, cerró en diciembre su fábrica en Curitiba y pasó a importar ruedas nuevas de China. La empresa pretendía mudarse a Paraguay, donde esas fábricas tienen beneficios fiscales, pero la decisión de la OMC sobre el Mercosur se le interpuso en el camino.
Pero según Deliberato, los productos que importa BS Colway son de la peor calidad: el 30 por ciento serían inservibles y el 35 por ciento son vendidos como de “media vida”. Fischer admite que una parte de los contenedores trae neumáticos en mal estado, porque la industria de reencauchados no supo negociar. “Deberían haber tenido el apoyo de los ecologistas, pero el movimiento les dio la espalda”.
Francisco Simeão, presidente de BS Colway y de la Asociación Brasileña de la Industria de Neumáticos Remoldados (ABIP), acusa a las multinacionales de colectar y destruir menos neumáticos que los exigidos por ley (apoyándose en una declaración del ex presidente de la ANIP, Vilien Soares, que admitió en el Congreso brasileño cumplir con sólo el 35 por ciento de esa obligación) y de importar productos usados en sus matrices en Estados Unidos y Francia.
“Michelin reforma y vende en Francia, Goodyear y Firestone compran usados en Japón para reformar en Estados Unidos”, dice Simeão, que garantiza que sus forros, además de ser 40 por ciento más baratos, tienen garantía de cinco años contra defecto de fabricación y ruedan 80,000 kilómetros. Según el empresario, en ningún país del mundo los reencauchados tomaron más de 10 por ciento del mercado.
Y sobre no usar neumáticos brasileños, dice que no lo hace por ser ellos de pésima calidad. “No pasan ni en la primera inspección de nuestra fábrica y haríamos un producto de baja calidad”, explica.
La pelea es antigua y no acabará pronto.
Para Piaskowy, que también coordina un grupo de medio ambiente de la Federación de las Industrias de São Paulo (Fiesp), los mercados están caminando hacia soluciones técnicas innovadoras y transparentes a favor de los consumidores y de la supervivencia del planeta. Mientras tanto, seguiremos viendo discusiones basadas en legislaciones desactualizadas, protección de mercados y lobby político de empresas que necesitan mantener por más tiempo el statu quo.