- Basilea se vistió de rojo en el juego inaugural
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El clima de 12 grados en Basilea no fue lo suficientemente helado como para enfriar la celebración de los miles de fanáticos que estuvieron presentes en el partido República Checa ante Suiza en el estadio Jakob-Park.
El rojo, verde, blanco y amarillo fueron los colores que adornaron el colosal estadio y dieron vida a la Suiza que dos días antes de la competencia parecía más fría que su clima.
La cita era a las 6:00 de la tarde. Michelle Plantini, presidente de la UEFA, lucía su elegante saco y corbata y junto a su amigo Joseph Blatter se sentó en la zona VIP, donde también estaba Franz Beckenbahuer.
Los equipos protagonistas salieron hacia el campo, a calentar los músculos, mientras Platini brindaba desde el palco, se miraba tan feliz que parecía que jugaba Francia.
Pero el estadio fue abarrotado totalmente por los suizos. La bandera con la cruz blanca se miraba en todos lados y en diferentes tamaños, una marea roja intensa le dio una voz vibrante y desafiante al juego inaugural.
La barra de los checos, por su parte, lucía reducida , una mínima parte del estadio fue ocupada por ellos, pero esto no impidió que sus ensordecedores gritos apoyando a su selección traspasaran los límites del estadio.
La emoción inició su despunte con el acto de apertura. Decenas de personas vestidas con un traje a doble color y cargando sobre sus cabezas un cubo de cuatro colores distintos aparecieron en la cancha de juego e hicieron una genial e interesante dinámica artística, guiada por los diversos tonos musicales, desde clásicas, tenco y pop.
Los fanáticos gozaron a plenitud, pero en el momento de cantar el Himno de Suiza, la piel se estremeció y las lágrimas fueron incontenibles. Sin embargo, la apasionada “marea roja” volvió a mostrar su lado ferviente.
Suiza jugaba de lujo, Bhrami hacía genialidades por las bandas, habilitando a los punteros, era una excelente presentación de los locales, y la barra exclamaba sus nombres, casi sorprendida por el estilo ofensivo que puso a los checos contra la pared.
Hasta ese momento los checos no pasaban de mandar las pelotas lejos de la portería y todo indicaba que en cualquier momento Suiza anotaría. No obstante, Petr Cech, el enigmático, casi una barrera de acero que impidió el gol de los suizos.
Los aficionados locales repetían una y otra vez : “¡Petr Cech, Petr Cech!” hasta sin quedar sin voces, parecía ser una competencia de quien gritaba más.
Pero el silencio dominó a los suizos, tras el gol inesperado de Vaclav Sverkos, los hinchas del club visitante gritaron el gol hasta apagar a la “marea roja”, algo que sólo duró unos minutos.