- Nicaragüense sobrevivió a un trasplante de hígado y ahora lleva una vida normal
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CORRESPONSAL/MIAMI
Tres años atrás su vida fue de sufrimiento. Su hígado ya no respondía y requería de un trasplante para continuar viviendo. Esa pesadilla es historia, hoy don Rolando Rubí Rodríguez es un nicaragüense de 70 años que tiene vida gracias a la solidaridad humana. Recibió un trasplante de hígado hace dos años y medio en el Hospital Jackson Memorial en Miami, desde entonces su vida cambió, es un renacer. El trasplante le devolvió la vida, luce como un hombre saludable y lleno de vitalidad.
Contar con la bendición de estar en este mundo al lado de sus seres queridos, no sólo se lo atribuye a la solidaridad humana de la persona que decidió donar sus órganos antes de morir, y al avance de la ciencia, también cree que es producto de su fe y de un milagro Divino. “Me siento muy bien de ánimo, es un nuevo renacer. Yo no me movía de la cama del hospital”.
Hoy don Rolando camina a paso ágil y seguro
En 1987 le detectaron que su hígado estaba abultado y grasoso, el tratamiento no surtía muchos efectos por lo que su médico ordenó la realización de una biopsia. El diagnóstico, nada alentador, indicaba que era portador de hepatitis. Su médico Mark Ávila, le dijo que el hígado estaba en muy mal estado, pero que podría vivir unos 10 años con ese órgano, “pero me empezó a faltar oxígeno en la sangre y necesitaba respirar a través de la mascarilla de oxígeno cada una o dos horas, a tal punto que la situación se agravó, cada vez era mayor la necesidad de oxígeno”.
ESPERANDO UN DONANTE
Fue debido a las complicaciones de salud, que en el 2004 le informan de la necesidad de realizar el trasplante de hígado. El médico sometió el expediente de don Rolando a la Universidad de Miami, y fue ubicado en la lista regular de espera. Pero la situación de salud se agravaba cada día, lo que obligó al personal médico a ubicar el caso en la lista de prioridades, puesto que el organismo ya no resistiría mucho tiempo en esas condiciones. La espera fue de dos meses, en ese lapso de tiempo le hicieron llamado a prepararse para cirugía en seis ocasiones, “había un órgano y estudiaban la compatibilidad del mismo con mi organismo, mientras yo en mi casa debía prepararme”.
La orden significaba no ingerir alimentos y mantenerse alerta al último llamado para movilizarse al hospital. En cinco ocasiones la espera fue angustiosa e infructuosa. “Fue hasta la sexta ocasón que me dijeron que me trasladara al hospital que tenían el órgano compatible con mi organismo. Entré al quirófano a las tres de la madrugada y a la cinco de la tarde empecé a despertar, la aceptación de mi organismo al nuevo órgano fue maravillosa”.
De acuerdo con los especialistas, el estudio de compatibilidad para un trasplante de órgano incluye análisis de sangre y de tejidos.
El organismo de don Rolando Rubí respondió bien al nuevo órgano, sin embargo, el problema de respiración persistía y debía estar conectado a la cámara de oxígeno, situación que lo obligó a permanecer tres meses en una sala de hospital, hasta que los médicos encontraron la solución.
“En una junta médica alguien comentó que habían encontrado un estudio de una dama que sufrió el mismo padecimiento que yo presentaba en ese momento, ella fue curada con ajo, fue entonces que los médicos decidieron experimentar con ese mismo tratamiento y empecé a ingerir las pastillas de ajo llamadas Garlique, durante varios meses y mi problema respiratorio se resolvió”, narró.
UNA VIDA NORMAL
Esa difícil situación es historia, hoy don Rolando disfruta de una vida normal y puede ingerir todos tipo de alimentos, según cuenta. “No me prohibieron ningún tipo de alimento, con el hígado no he tenido ningún problema”, sostiene.
Pero deberá tomar medicinas por el resto de su vida. En su caso el médico prescribió un solo tipo de fármacos cuyo precio supera los mil dólares mensuales. El tratamiento tiene la finalidad de evitar que su cuerpo rechace el órgano trasplantado. Su seguro médico le cubre el 70 por ciento del costo de la medicina, y logró que el 30 por ciento se lo cubra una industria farmacéutica en calidad de donación.
“Al inicio —del tratamiento— tomaba 8 pastillas al día, ahora debo tomar 4 al día. Cada dos meses me realizan exámenes para monitorear el funcionamiento del hígado”.
El origen de la enfermedad que desahució su hígado pudo haber sido provocada por transfusiones de sangre contaminada con hepatitis que le hicieron en Nicaragua, hace 40 años. “Los médicos creen que esa pudo ser la causa, en aquellos tiempos no se tenían los cuidados que se tienen hoy con la sangre, además de los alimentos y los traguitos”.