- Padilla en duelazo con Hernández sin respaldo de Texas
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El chinandegano Vicente Padilla transformó un miserable inicio de juego por culpa de la defensiva de los Rangers de Texas, en un atractivo duelo de pitcheo contra Félix Hernández, en el Safeco Field, de Seattle, del cual ambos merecieron la victoria, pero ninguno tuvo decisión.
Padilla tuvo un alentador inicio de temporada en las Grandes Ligas, al tirar seis innings de ocho hits, una inmerecida carrera limpia, tres bases y cuatro ponches, dos de ellos a Richie Sexson. Lució dominante, fuerte y consistente, en una noche de 110 pitcheos, su máxima cifra desde el 29 de septiembre del 2006, justamente frente a los Marineros.
El nica permitió su única carrera en la segunda entrada. José Vidro alcanzó la inicial con un hit que pasó a la orilla del inicialista Ben Broussard. Este corredor estaba esperado en la segunda base en jugada de robo, pero el fildeador Ian Kinsler perdió la pelota y el boricua se desplazó hasta el tercer costal, desde donde anotó con un sencillo del japonés Kenji Johjima. La carrera se “limpió” con un imparable de Ichiro Suzuki en esta misma entrada.
A partir de ese momento, el chinandegano fue dueño del montículo, pero los Rangers tampoco pudieron hacer mucho frente al espeluznante tirador venezolano de apenas 21 años. Fue el propio Hernández quien atentó en su contra, cuando en la tercera entrada, tras hit de David Murphy, tiró mal a la inicial con un toque de Gerald Laird. Murphy anotó con un rola de Broussard al campo corto para empatar el juego.
Texas tuvo oportunidades al llenar las bases en los episodios 5 y 6, pero Hernández mostró su corazón, dominando primero en rola para doble play a Michael Young, y en la siguiente tanda obligó a Murphy a roletear a sus manos para forzar en el plato a Hank Blalock, antes de dominar a Laird en elevado al cuadro.
Al menos, la defensa de los Rangers no volvió a flaquear y más bien el patrullero central Josh Hamilton hizo una espectacular jugada en el quinto inning, atrapando de espaldas al público y justo al pie de la barda, un trancazo de Vidro, que pudo haber impulsado una carrera.