El visitante africano

[doap_box title=»» box_color=»#336699″ class=»archivo-aside»] Negocios son negocios. En esto se hermanan neoprogresistas y neoliberales al igual que veteranos y constantes violadores con los neodefensores de los DD.HH. Tanto da que el gato sea gris o negro, de derecha o de izquierda, lo que importa es que cace al ratón. [/doap_box] Negocios son negocios. En esto […]

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Negocios son negocios. En esto se hermanan neoprogresistas y neoliberales al igual que veteranos y constantes violadores con los neodefensores de los DD.HH. Tanto da que el gato sea gris o negro, de derecha o de izquierda, lo que importa es que cace al ratón.

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Negocios son negocios. En esto se hermanan neoprogresistas y neoliberales al igual que veteranos y constantes violadores con los neodefensores de los DD.HH. Tanto da que el gato sea gris o negro, de derecha o de izquierda, lo que importa es que cace al ratón.

Teodoro Obiang Nguema Mbasogo a mediados de este mes estuvo de visita por algunos países de América Latina.

El visitante, a quien supongo los allegados le llamarán Teo, es el presidente de Guinea Ecuatorial. Ocupa el cargo desde 1979, año en que dio un golpe de Estado contra su tío, Francisco Macías Nguema, quien fue juzgado y ejecutado. Es el líder del Partido Democrático (¿qué otro nombre podía tener?) que es el único reconocido oficialmente. Consecuente con su definición partidaria, Obiang se ha presentado a elecciones, en 1996 y el 2002, ganando ambas con el 99.99 por ciento de los votos (hay gran curiosidad por ubicar a ese 0.01 por ciento, que por razones de “bajo perfil” y por instinto de conservación trata de mantenerse en el anonimato).

En materia de suerte electoral, diversidad partidaria y permanencia en el poder Obiang se asemeja a Fidel, aunque sigue lejos del récord del cubano. También se parece a Castro y por extensión a Hugo Chávez, en que ha denunciado un complot de EE.UU., el Reino Unido y España para acabar con él.

Una de las mayores virtudes del mandatario africano es que Guinea es un importante productor de petróleo. Enancado en ella llegó a una Argentina bastante aquejada por la crisis energética actual y muchos más por la que se vislumbra para el invierno. Fue recibido alegremente por la presidenta Cristina Kirchner, y ambos firmaron acuerdos varios de cooperación. La cosa se complicó cuando la oposición política argentina denunció al Gobierno por recibir a un hombre calificado de “dictador” (vaya a saber uno por qué) y de torturador y hasta de genocida por respetadas organizaciones de defensa de los Derechos Humanos. Los antikirchner(s) aprovecharon, además, para resaltar el doble discurso de la Presidenta y su esposo consorte respecto a los derechos humanos y también recordar que durante la dictadura argentina se enriquecieron sin tener ningún problema con los militares delegados que mandaban en la provincia de Santa Cruz, donde Nestor Kirchner gobernaba.

Cristina trató de enmendar el error y en la cena final reclamó a Teo apertura democrática y respeto por los derechos humanos. No sirvió de mucho y aparentemente el visitante se fue molesto y los acuerdos prácticamente perdieron vigencia.

Según el diario argentino Ambito Financiero, Obiang “de Buenos Aires partió primero hacia Brasilia, para luego marchar a La Habana, para entrevistarse sin reproches cubanos con Raúl Castro, quien como su hermano nunca mezcla la política exterior con los derechos humanos; más, ni siquiera se ocupa de los propios”.

Esto a su vez dio lugar a otros recuerdos en Argentina, como cuando el dictador, general Rafael Videla y Fidel Castro hacían causa común en cuanto organismo internacional había y se negaban a votar cualquier condena, declaración o denuncias por violación de los derechos humanos en Cuba y en Argentina.

El hecho es que si Teodoro Obiang Nguema Mbasogo fue a Cuba con el ánimo de intercambiar ideas sobre situaciones y prácticas comunes con Fidel, se encontró con la novedad de que el líder cubano tenía resuelto anunciar que no iba a “aferrarse” más, por lo menos a dos de los cargos que desde hace un tiempo venía desempeñando en la Isla.

Conclusión, salvo lo logrado con los brasileños, siempre tan pragmáticos, Obiang volvió a Guinea con la “ amonestación” de Cristina y con la duda de si él también debe anunciar que no se “aferra más” a sus cargos, o si puede esperar a cumplir un medio siglo ocupándolos, como Fidel, lo que le daría más tranquilidad por cuanto le faltan como veinte años todavía.

Periodista uruguayo

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