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Cuando una madre es posesiva, se advierte claramente en su comportamiento: siempre quiere que sus hijos hagan lo que ella dice y nada más, los hijos no tienen ni voz, ni voto.
Este tipo de madres inconscientemente quieren que sus hijos sean indefensos y débiles para poder protegerlos y cuidarlos todo el tiempo.
Otra de sus características es que temen que sus hijos se rebelen y quieran hacer su propia vida, por lo que les dan pocas oportunidades de desenvolverse solos para ser ellas las que mantengan el control de la situación.
Son madres muy temerosas de perder el cariño de sus hijos y se ponen muy celosas de que amen a otras personas, por esa razón casi siempre las relaciones de pareja son frustrantes.
Cuenta pendiente
Lo más importante en este comportamiento de madres sobreprotectoras es que ellas estén conscientes del problema y que lleguen a la raíz del mismo.
Esa posesión de las madres para con los hijos tiene muchos, ¿por qué?
Puede ser que en algunos casos estas mujeres carguen alguna culpa y deseen retribuir con excesos de cuidado al hijo y por eso desarrollan un cierto esclavismo.
En otros casos, este comportamiento se puede desarrollar en mujeres que fueron abusadas o abandonadas en su niñez y cuando llegan a ser madres no desean que sus hijos sean maltratados y vuelcan en ellos todos sus cuidados y sobreprotección.
A este tipo de mujeres no les enseñaron a crecer, a vivir en libertad, a tomar sus propias decisiones, a saber manejarse en el mundo y por eso ellas no pueden transmitir a sus hijos es tipo de valores.
Desde niños
Es por eso que la madre posesiva invalida a sus hijos desde la niñez para enfrentar la vida. Inconscientemente los llena de miedos y de inseguridades y hace que sus hijos únicamente dependan de ella.
De niños les escogen las amistades, ropa y no los dejan jugar con otros niños haciéndoles creer que ellos son muy especiales y diferentes a los otros o bien les inculcan miedos, les dicen que todo es malo: jugar es malo, las calles son malas, la gente es mala. Eso les crea inseguridades e inestabilidades.
Llegan a la edad escolar y muchas veces son las madres las que realizan las tareas y no les crean un hábito de estudio y responsabilidades.
Otras veces los hijos ya están grandes pero ellas insisten en seguirlos bañando. O bien ya aprendieron a caminar pero los siguen cargando. Este patrón se repite en las diferentes etapas de la vida de esas personas.