Juego de poder

Una sátira poco divertida, pero seriamente interesante Qué buena vida la que llevaba el congresista Charles Wilson (Tom Hanks). Soltero, fiestero y un hábil político. En su oficina sólo trabajaban mujeres hermosas que cumplían dócilmente todos sus caprichos, especialmente mantener llena con whisky Chivas Regal su taza con el logo del Congreso de los Estados […]

Una sátira poco divertida, pero seriamente interesante

Qué buena vida la que llevaba el congresista Charles Wilson (Tom Hanks). Soltero, fiestero y un hábil político. En su oficina sólo trabajaban mujeres hermosas que cumplían dócilmente todos sus caprichos, especialmente mantener llena con whisky Chivas Regal su taza con el logo del Congreso de los Estados Unidos.

Su mayor logro era haber sido reelecto cinco veces, gracias a su carisma político. Pero, repentinamente encontró su cita con la historia al ser el congresista que logró, clandestinamente primero, y luego de forma abierta, que Estados Unidos financiara con mil millones de dólares la resistencia de los muyahidines — los legendarios guerreros afganos— en contra de la invasión de la Unión Soviética durante la década de los 80.

El Juego del Poder es ofertada como una sátira política basada en hechos reales. Sin embargo, muchos de los diálogos supuestamente graciosos pasan desapercibidos, principalmente para un público que no conoce el teje y maneje de la política estadounidense. Un par de interesantes referencias a Nicaragua pueden llamarnos la atención, hacernos sonreír un poco y de paso revelarnos la antipatía del político hacia el gobierno sandinista de la época.

Curiosamente la película es pasable por dos aspectos. Más que el lado satírico, está la parte seria del filme. Es interesante conocer detalles de cómo fue que surgió el interés estadounidense en apoyar la lucha de los afganos. Públicamente, esta política fue vendida por la propaganda estadounidense como la lucha del bien (el capitalismo) contra el mal (los comunistas). Clandestinamente, como bien dijo el congresista Wilson, la simple verdad era que “había que ayudar a derribar helicópteros a los únicos que le están disparando directamente a nuestros enemigos”.

El otro punto son las actuaciones. Tom Hanks bien logra recrear la simpatía por la que era conocida Wilson. Las rápidas apariciones de Julia Roberts como la millonaria y virulenta anticomunista Joanne Herring son eficientes, buen complemento al carisma medio apagado de Hanks. Pero las palmas y las risas son para Philip Seymour Hoffman como el pesado y ácido agente de la CIA, Gust Avrakotos. Justa es su nominación al Oscar como mejor actor de reparto. Tan buena actuación es que uno aplaude cuando tan detestable personaje, al ser increpado por su jefe con justa razón, lo manda al carajo, con su pared de vidrio incluida. Y lo hace dos veces, para que aprenda. Goce a este personaje, que al final resulta ser el que más principios morales tiene en este juego no tan divertido.

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