Managua, capital de la cultura

Managua comenzó a desempeñar el martes de esta semana la función de Capital Iberoamericana de la Cultura, que ejercerá a lo largo de todo este año. Sin embargo, la solemnidad del acto oficial, en el cual el alcalde Dionisio Marenco recibió la correspondiente acreditación fue empañada por el desaire del presidente Daniel Ortega Saavedra. En efecto, en la ceremonia en la que Mercedes de la Merced Monge, Secretaria General de la Unión de Ciudades Capitales Iberoamericanas (UCCI), entregó el honorífico título al Alcalde de Managua, fue notoria la ausencia del presidente Ortega, quien convocó para la misma hora a otra actividad oficial. Pero, además, Ortega no envió para que lo representara al director del Instituto Nicaragüense de Cultura ni a ningún otro representante del Poder Ejecutivo. De manera que fue evidente el desplante presidencial al Alcalde de Managua, al pueblo capitalino, a la cultura nacional y a la distinguida y respetable visitante española.

Las informaciones sobre la designación de Managua como Capital Iberoamericana de la Cultura no han dejado claro si este nombramiento es por méritos propios o por un mecanismo de rotación entre las diversas capitales y otras ciudades de Iberoamérica. Sin embargo se puede deducir que es por rotación, por la información de que el otorgamiento del título de Capital Iberoamericana de la Cultura a Managua, para el año 2008, fue decidido hace varios años en una reunión de la UCCI celebrada en Bogotá, capital de Colombia.

En todo caso, lo cierto es que si dependiera del actual Gobierno de Nicaragua, a Managua no se le hubiera concedido ese honroso nombramiento cultural. Como es fácil de recordar porque todavía no ha pasado mucho tiempo, una de las primeras acciones del gobierno de Daniel Ortega, después que tomó posesión de la Presidencia de la República en enero del año pasado, fue demoler la fuente musical que había en la Plaza de la República. Y cabe recordar también que fue por una razón mezquina que el presidente Ortega mandó a demoler aquel monumento cultural. En efecto, la fuente musical de la Plaza de la República fue demolida sólo porque había sido construida por el gobierno liberal del ex presidente Arnoldo Alemán. Y eso a pesar de que Alemán ha sido un obsecuente socio político del presidente Daniel Ortega, tanto que le facilitó mediante el pacto una reforma constitucional para que pudiera ganar la elección presidencial del 2006 con sólo el 38 por ciento de la votación ciudadana.

Sin embargo, es justo y necesario reconocer que por lo que se refiere al alcalde Dionisio Marenco y al Director de Cultura y Patrimonio Histórico de la Alcaldía de Managua, el periodista Roberto Sánchez Ramírez, el nombramiento de la ciudad como Capital Iberoamericana de la Cultura es bien merecido. Ciertamente, a pesar de que Dionisio Marenco pertenece a los altos círculos del Frente Sandinista —partido del cual Daniel Ortega es su secretario general—, el alcalde capitalino no sólo criticó públicamente la grotesca destrucción de la fuente musical de la Plaza de la República, sino que también es evidente que ha trabajado de manera constante y esforzada por el mejoramiento urbano y el desarrollo cultural de Managua.

Sin duda que debe ser muy difícil impulsar el desarrollo cultural de una ciudad, cualquiera que sea, en un país sumamente pobre como es Nicaragua. Y peor todavía, teniendo un Gobierno retrógrado, sectario y de estrechas miras culturales como el de Daniel Ortega. En realidad, es imposible que pueda florecer la cultura en una ciudad y un país donde imperan la pobreza y la intolerancia. La creación artística, la construcción de monumentos y el desarrollo cultural en general, requieren de una base mínima de riqueza o de un amplio esfuerzo en el que sociedad y gobierno unan voluntades y metas.

Por eso es meritorio el esfuerzo que hace el alcalde Dionisio Marenco para proteger el patrimonio histórico de Managua, desarrollar sus valores y expresiones culturales y tratar de que la ciudad brille en medio de la pobreza económica y la mediocridad política del Gobierno Central, dirigido por un hombre de su propio partido. Y vale la pena respaldar al gobierno municipal de Managua en el empeño para comportarse a la altura del honroso nombramiento que ahora ostenta esta ciudad, como Capital Iberoamericana de la Cultura.

Editorial
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