Samuel Wilson, de Nicaragua, ilustra bien la diferencia de estatura que hubo con los antillanos. (LA PRENSA/ M. LORÍO)

Se guardaron emociones

Nicaragua gustó, pero… nada más [doap_box title=»Seguridad y orden» box_color=»#336699″ class=»archivo-aside»] El sistema de seguridad de la Policía Nacional se aplicó de manera efectiva. No se reportaron detenidos, ni altercados dentro o fuera del estadio. Los aficionados cumplieron con las indicaciones. La Policía de Managua y Carazo movilizaron en conjunto unos 260 agentes. Trabajaron agentes, […]

  • Nicaragua gustó, pero… nada más
[doap_box title=»Seguridad y orden» box_color=»#336699″ class=»archivo-aside»]

El sistema de seguridad de la Policía Nacional se aplicó de manera efectiva.

No se reportaron detenidos, ni altercados dentro o fuera del estadio.

Los aficionados cumplieron con las indicaciones.

La Policía de Managua y Carazo movilizaron en conjunto unos 260 agentes.

Trabajaron agentes, reguladores de tránsito y tropas antidisturbios.

De modo que la organización estuvo a la altura.

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La expectación, la emoción, el interés y los deseos por una victoria llenaban con casi 6 mil personas —según cálculos oficiales— el Estadio Cacique Diriangén, en Diriamba, Carazo.

Los colores azul y blanco de Nicaragua se mostraban desde cualquier área del escenario. Los coros se escuchaban en los primeros minutos del encuentro. Luego sólo murmullos y señalamientos a los jugadores.

Ese ambiente de interés era notorio desde la entrada a Diriamba, quizás junto a Estelí las únicas ciudades que se detienen ante un suceso futbolístico de esa naturaleza.

El día importante había llegado. Para muchos la victoria era posible, en medio del favoritismo que siempre tuvieron los antillanos, por la calidad de la mayoría de sus titulares, con experiencia en Europa.

Había mucha expectativa por conocer los resultados de esos 40 días de intenso entrenamiento en Brasil.

Ahí estaban los aficionados críticos viejos, y los nuevos; los políticos como Wilfredo Navarro y Xóchitl Ocampo.

También estaban algunos presidentes de Federaciones Deportivas Nacionales. Los que hablan y los que trabajan.

Uno de los más esperados era el Presidente de la República, Daniel Ortega, quien finalmente no se apareció.

Lástima por lo propicio del clima, lástima por la celebración previa en el Cacique Diriangén. Las emociones y el espectáculo se quedaron guardados para otra ocasión.

La Selección de Nicaragua cayó 1-0 ante su similar de Antillas Holandesas, dejando como único consuelo: “lucimos mejor que los rivales en la cancha”.

“Sólo se falló en una cosa: el gol. Jugamos mejor. Los muchachos mostraron progreso en su sistema, pero no hay sentido de oportunidad”, comentó el aficionado Ricardo Mejía, uno de esos espectadores que tiñó su calvicie con los colores azul y blanco.

Ni Wílber Sánchez, ni Samuel Wilson, ni Ricardo Vega, ni ningún otro aprovechó la energía que corría entre las graderías.

No sabemos si habrá la misma energía cuando el próximo 26 de marzo se midan en el partido de vuelta, en Willemstad, y si la hay, seguramente será para los locales.

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