Chinandega, que ha saltado de un problema a otro, sufrió ayer otro golpe, al conocerse el retiro de Enrique Gasteazoro, su más grande entusiasta, de su directiva.
Gasteazoro, quien falló tratando de ser pelotero o manager, se hizo un nombre como dirigente y tuvo su mayor incidencia en el surgimiento y desarrollo de la actual Liga Profesional, al convertirse prácticamente en su principal soporte.
Significa eso que reducir el impacto de la salida de Gasteazoro como una pérdida estrictamente del Chinandega, sería injusto, porque aunque ahora salga en medio de la eliminación de ese equipo, su aporte trascendió a ese conjunto.
No me cabe duda, que Enrique es uno de los mejores dirigentes que ha tenido el beisbol en los últimos años. No por el dinero que pudo aportar o gestionar, sino porque es uno de los pocos directivos con una claridad conceptual de hacia dónde debe ir el beisbol nacional.
Gasteazoro siempre estuvo claro de que nuestro beisbol no necesita más excusas. Necesita un plan. Y quizá hasta ser reinventado como algunos sugieren.
Aquí seguimos jugando y no sabemos con qué propósito. ¿Se juega para producir prospectos, o para desarrollar peloteros para la Selección Nacional? No lo sabemos. Jugamos a lo que salga. Por eso andamos así.
Gasteazoro tenía claridad sobre lo que debe hacerse. Hay que trabajar en las bases y preparar a nuestros entrenadores. Y claro, eso requiere de muchos recursos, que no están fáciles de conseguir ahora mismo.
Sin embargo, el beisbol seguirá. De eso no hay duda, pero es una baja sensible. Se va un dirigente que hizo aportes importantes.
Gasteazoro dijo que se tomará un año sabático y abundó en explicaciones sobre las razones de su salida, pero no hay duda que la eliminación del Chinandega y lo difícil que es obtener recursos, deben haber precipitado su decisión.
Es una lástima.