Con el objetivo de evangelizar, llevar amor, alegría y consuelo a las privadas de libertad del Centro Penitenciario La Esperanza, un grupo de comunidades y parroquias de la Iglesia Católica integrado por aproximadamente 100 personas realizan diferentes actividades para llevar a cabo su misión.
Dorestela Medina, integrante de la Junta Directiva de la Pastoral Penitenciaria y Confraternidad Carcelaria, dirigida por Monseñor Amado Peña, señala que el trabajo que realizan no lo hacen por filantropía, lástima, caridad burguesa, por aquietar sus conciencias, ni porque digan que son santas o buenas sino por un mandato de Jesús de llevarles amor a esas personas que han tenido muchas carencias, se han equivocado y están pagando su condena. Mucha gente se burla del trabajo que hacemos porque son las olvidadas, las que nadie quiere, la lacra de la sociedad, pero hay algo que nosotros hemos aprendido y es que el oro aunque esté lleno de tierra y pisoteado, sigue brillando y tiene valor y ellas tienen valor, señala Medina.
Actualmente, hay ocho grupos que llevan alegría a la cárcel, celebran los cumpleaños mensuales, comparten la palabra de Dios y dan testimonios de vida; además, apoyan actividades de salud, educación, manualidades para que las internas puedan conseguir fuentes de trabajo. Actualmente se está coordinando con un grupo de extranjeros la producción de carteras en el Penal porque la fuente de trabajo para ellas es bien importante, se pretende que produzcan esas carteras y exportarlas, asegura Medina.
Otras de las actividades que realizan son un paseo anual a la playa con las privadas de libertad con condena larga; en ese paseo se les permite compartir durante ese día con un familiar; además, la celebración del Día de la Madre, del Día de las Privadas de Libertad, el cual lo hacen coincidir con el Día de la Virgen de La Merced, la celebración de la Purísima y la fiesta de Navidad, en la cual entregan regalos a las privadas de libertad, para ellas y para sus hijos.
También hacen entrega de regalos a los hijos de los funcionarios del penitenciario. Cabe señalar que el trabajo en la cárcel de mujeres empezó con tres voluntarias hace 17 años, siendo una de ellas la señora Lilia Schiebel. Para ese entonces solo había 38 mujeres privadas de libertad, actualmente son 250. Lo que se hace con ellas es llevarles la palabra (del Señor), compartir testimonios y, además de lo espiritual, tratar de ayudar en sus necesidades materiales, hay privadas de libertad que les llaman las donadas porque nadie las llega a visitar, se promueve la adopción de cada una de ellas para subsanar sus necesidades materiales, señala Schiebel, integrante de la Junta Directiva de la Pastoral.
Una de las alegrías que obtuvieron este año como Pastoral fue el premio al mejor Capellán del mundo a Monseñor Amado Peña en reconocimiento a su servicio en las cárceles.
Cabe mencionar que todas las actividades se llevan a cabo por la colaboración de personas de buena voluntad y algunas empresas del sector privado.