- Tres grupos de mujeres nos presentan las distintas obras que realizan en beneficio de los más necesitados. Estos son ejemplos altruistas en Navidad
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Tarde de diciembre de 1990. Víspera de Navidad. Tumbada en el piso de la sala de mi casa armada de papel, lápiz de grafito y crayolas escribía de prisa: Querido Niño Dios: todo el año me porté muy bien. Estudié mucho y ya voy para tercer grado. Quisiera que para Navidad, como premio, me trajeras una muñeca grande, que tenga muchos zapatos y vestidos. También quiero una pelota nueva, una sombrilla y un perrito para jugar…, y colocaba mi carta bajo la almohada antes de dormirme.
¿Se acuerda usted de las cartas que escribía para Navidad? Yo siempre pedía lo mismo y en la mañana de Navidad despertaba con mis juguetes nuevos a los pies de mi cama. Nunca llegaba el perrito, pero la emoción era tal que ni lo recordaba. Adoraba esas mañanas porque siempre tenía nuevos juguetes y juraba que todos los niños eran tan felices como yo.
Sólo años después, con la inocencia de mis siete años ya olvidada, me enteré que en Navidad no todos la pasaban tan felices, pues muchos niños no recibían regalos y ni siquiera podían estudiar.
Sin embargo, me enteré casi al mismo tiempo que también existen muchas personas que no sólo comparten la Navidad con su familia y amigos, sino que también comparten su tiempo y cariño con niños desprotegidos, huérfanos, ancianos olvidados, madres solteras o simplemente personas solas y necesitadas.
En este tiempo en que ya soplan los aires helados de diciembre y se evoca el espíritu navideño, nosotras le presenta las obras de mujeres que comparten regalos del corazón con quienes más lo necesitan.