- Dicen que entre más brillante es un ser humano, mayor es su humildad. Eso fue lo que precisamente encontramos en el doctor Rodrigo Álvarez Cambras, un destacado ortopedista y traumatólogo cubano que ha desarrollado muchas técnicas para el tratamiento a los atletas de alto nivel, como parte del éxito conseguido por el deporte de su país.
Rodrigo Álvarez Cambras, destacado ortopedista cubano
El médico cubano Rodrigo Álvarez Cambras es muy respetado no sólo en su país, sino en todo el mundo porque ha hecho historia en la ortopedia internacional, al ser el creador del famoso fijador externo de huesos que lleva sus iniciales, RALCA.
Por su enorme talento, Álvarez Cambras es el Director General del Complejo Científico Ortopédico Internacional Frank Pais de Cuba, donde en 1971 fundó el Centro de Traumatología del Deporte, una de sus muchas pasiones porque de joven fue un destacado basquetbolista, hasta el punto que integró la Selección Nacional cuando todavía el deporte antillano no había adquirido los altos niveles de rendimiento actual.
Más allá de sus concepciones políticas (Álvarez Cambras es un férreo defensor del sistema comunista cubano), este médico cuenta con una vasta experiencia con los atletas de alto rendimiento de su país, que llegan a coronarse en Campeonatos Mundiales, Juegos Olímpicos, Panamericanos, Centroamericanos y del Caribe y tantos otros torneos de alto nivel competitivo.
Por supuesto que el éxito de muchos de ellos se debe precisamente a este veterano médico, que ha visto pasar por sus manos a grandes atletas como Alberto Juantorena, Ana Fidelia Quirot, Teófilo Stevenson, Félix Savón, Javier Sotomayor, Iván Pedroso y Omar Linares, entre otros.
Y es que no solamente los ha atendido en caso de fracturas. Ha trabajado con la mayoría porque ha formado parte de las delegaciones olímpicas cubanas desde finales de los años setenta, asistiendo a innumerables Olimpiadas, Panamericanos y Centroamericanos y del Caribe.
“En mi época, con mi tamaño podía jugar basquet. Ahora te pisan la cabeza, son muchachos muy grandes y me gustó tanto el deporte que estoy en Salón de la Fama del baloncesto de Cuba”, dice con mucha humildad este galeno que visitó recientemente Nicaragua con el propósito de recibir una serie de reconocimientos a nivel nacional.
Según recuerda Álvarez Cambras, en sus años mozos practicó además del baloncesto, las pruebas de velocidad y salto de altura en el atletismo.
Pero sus estudios de Medicina y posterior dedicación a la revolución cubana, le impidieron continuar como atleta, aunque no como médico. “Me gustaba mucho el deporte, menos beisbol porque una vez me dieron un pelotazo en un ojo y le cogí un miedo tremendo a la pelota”, rememora.
¿Dicen que Fidel Castro era un buen pelotero?
Fidel era bueno para todos los deportes. Tengo muchas anécdotas de Fidel en los deportes, porque fue buen basquetbolista, corredor, campeón de 400 metros en juvenil, fue remero, jugó bowling, pelotero. Pero en lo que más se destacó fue al basquet y la carrera de los 400 metros.
¿También fue líder en los deportes?
Fidel fue siempre un líder desde chiquitico, desde que salió de la barriga de su mamá.
¿Por qué fue que decidió trabajar en la medicina deportiva?
En 1969, me nombraron director del Hospital Frank Pais, y en el 70 varios buenos atletas de Cuba, que se llamaban la Esperanza Olímpica, se lesionaron y los operaron en distintos sitios como Santiago, Camagüey no sé dónde. Fueron operados por buenos ortopédicos, pero no tenían el concepto que el atleta no es igual a un ser humano normal.
Al atleta hay que atenderlo como atleta, para que siga siendo atleta. Entonces se perdieron una serie de figuras que eran grandes prospectos y por eso un día Fidel me llama a través del Director del Instituto del Deporte Cubano. Me encomendó estudiar el problema del traumatismo en el deporte y creía que yo debía crear un departamento de eso en el Hospital Frank Pais. Por eso me di una vuelta por países que ya tenían experiencia olímpica, como México, Japón, Rusia, Hungría, Italia y después fuimos a Munich (Alemania) donde estaban preparando los Juegos Olímpicos. Luego seguí por Francia, España y regresé a Moscú. Visité el desarrollo que había en los países del mundo en cuanto a la medicina deportiva. Comprendí que quizás sólo los países socialistas como la Unión Soviética, Hungría Checoslovaquia y Alemania Federal tenían poco de desarrollo. A partir de esta experiencia creé el departamento de trauma del deporte.
¿Debió contar con mucho respaldo gubernamental para ese objetivo?
Sí claro, en coordinación con el Instituto de Deportes de Cuba empezamos a estudiar, desarrollamos técnicas nuevas. Hoy en día, en distintos países, se emplean técnicas que nosotros desarrollamos para los ligamentos del tobillo y unas 12 ó 13 técnicas nuevas. Se escribió un libro, se trabajó y ahí empezamos a tratar a los atletas cubanos.
Nos dio resultado y por eso he estado en ocho Olimpiadas, 8 Panamericanos incluyendo el último de Río de Janeiro, en Brasil, y he estado en siete Centroamericanos y del Caribe. Como jefe de la parte traumática, pues llevamos delegaciones de hasta 450 atletas como en Brasil.
¿Por qué operó a Juantorena?
Juantorena tenía dos neuromas plantares en los dos pies. Eso es muy doloroso. Cuando corría un poco tenía que sentarse porque no aguantaba. Pero como nosotros creamos técnicas nuevas, lo operamos y a los tres meses estaba ganando pruebas mundiales en los 400 y 800 metros a pesar que no podía ni caminar.
¿Fue una operación especial, porque debía estar recuperado pronto?
Sí, pero nosotros desarrollamos una técnica de rehabilitar antes de la operación, en la operación y después de la operación. Había el concepto que a los atletas los operaban y los mandaban a su casa a descansar tres o cuatro meses. Pero el atleta está lleno de capacidad remanente, tiene los brazos bien, las piernas bien. Desarrollamos el concepto que había de mantener el ejercicio en los músculos de la espalda, del abdomen, una pierna, una rodilla.
¿En un ciudadano común cuánto tiempo dura la recuperación?
Se puede recuperar en dos o tres meses. Pero el problema era no perder las condiciones que se tenían. Por ejemplo, Teófilo Stevenson se operó con nosotros un pie, apenas dos meses antes de las Olimpiadas de Moscú 80. Pero dos meses después le rompió las costillas a un boxeador americano. Le dio una trompada que lo noqueó y le terminó rompiendo tres costillas de un solo golpe.
¿Son innumerables las operaciones deportivas que ha realizado?
Creo que miles, porque miles de muchachos han pasado con nosotros en casi 40 años del Centro. He operado atletas de Nicaragua como Xiomara Larios y de otros países.
¿Las lesiones son características de algunos deportes?
Cada deporte tiene lesiones que son más frecuentes. Por ejemplo, las lesiones de meniscos son más frecuentes en basquet. Las lesiones de inserción y lesiones de cartílagos son muy frecuentes en el voleibol por el salto repetido. Las lesiones del hombro y codo del pítcher son comunes en el beisbol, también en los lanzadores de jabalina, bala y martillo. Cada deporte tiene sus características. En futbol las lesiones más frecuentes son los tobillos y meniscos.
¿Cómo ve este problema del doping mundial?
Es triste. Miremos a la muchacha Marion Jones que le quitaron todas las medallas que ganó por la tetosterona, que además le puede producir un cáncer, o la puede hacer machito. Nosotros tuvimos un caso que se hizo cirrosis hepática por tomar anabólicos. Siempre recuerdo en una reunión que Fidel Castro no dijo que si para ganar una medalla, se afecta la salud de un hombre, no quiere la medalla. En Cuba el que tome anabólicos desaparece del deporte.
Casos que no se olvidan
El doctor Rodrigo Álvarez Cambras ha realizado operaciones que nunca pensó que los atletas se recuperarían de una forma excepcional.
Recordó los casos del pelotero Lázaro Vargas y el saltador Iván Pedroso, quienes tuvieron que someterse a operaciones y largas rehabilitaciones.
“Yo tuve dos casos que me parecieron que más nunca iban a volver a practicar el deporte. Uno fue Lázaro Vargas, el tercera base del equipo cubano, que venía de tercera a deslizarse en el home, pero el cátcher le hizo una barbaridad. Cuando lo vio que venía le metió la pierna entre las dos de él. En eso, Lázaro dio la vuelta, pero la pierna se le fue del lado contrario”.
“Vargas tuvo una fractura de tibia y de fémur, con lesiones en los dos meniscos de las rodillas. Era como si hubiera desbaratado una rodilla. El fémur se abrió y la tibia se introdujo dentro del fémur en esa abertura. Lo operamos y cuando vi aquello pensé que no jugaría más pelota, porque era una lesión demasiado grave. Pasamos horas reconstruyendo, pero se hizo una rehabilitación exquisita de seis meses y hasta regresó a la Selección”.
“El otro caso fue de Iván Pedroso, el famoso saltador cubano que fue durante más de 10 años Campeón Mundial. Cometió un error una vez porque después de saltar 8.96 (récord invalidado en Italia, 1995, porque un juez se paró frente al medidor de viento y los jueces decidieron anular el salto), regresó a Cuba y saltó en un homenaje en el Estadio de La Habana del Este”.
Había un frío fuerte, con lluvia. La arena del salto estaba mojada y como se le dio un homenaje, se hizo una copa donde se decía Campeón Mundial que no te dieron la corona. ¿Pero qué pasó? no calentó, no hizo entrenamiento, y el muchacho se decidió a saltar y en el aire se lesionó de dos músculos flectores, dos bíceps, y cayó de una forma terrible”.
“Hubo un error del médico que lo atendía, porque se lo llevó y lo inyectó. No se operó inmediatamente, y a los 10 días me lo llevaron, le hicimos un ultrasonido y nos dimos cuenta que habíamos que operar. Ahí tuvimos que unir tres músculos en uno solo, pensamos que no iba a saltar más, pero se le hizo una rehabilitación excelente y después fue Campeón Olímpico y Mundial”.
¿Cuánto incidió la medicina para que el deporte cubano tenga tanto nivel de rendimiento mundial?
Siempre he dicho que cada medalla que gana un atleta cubano, hay un pedacito para el cuerpo médico, porque trabajamos fisioterapistas, sicólogos, enfermeras, el médico deportivo, traumatólogos. A veces es un pedazo grande, como María Caridad Colón que ganó medalla de oro en Moscú 1980.
En esa competencia había tenido un esguince brutal de la columna, no podía tirar, pero la puse en tratamiento, le dije que le iba a infiltrar la espalda con anestésicos antes que entrara a la pista. El dolor se le iba a desaparecer en 30 ó 40 minutos, y le expliqué que las echara todas en el primer tiro, porque no iba a poder más. Y efectivamente, en el primer tiro la muchachita ganó la primera medalla de oro para una atleta cubana en Olimpiadas. En el segundo intento no pudo, la jabalina le iba a caer en el pie.