Lo sabrás cuando lo padezcas, es una frase usada para describir el amor, ese sentimiento que surge en las relaciones. El amor es tan misterioso que muchos dicen que simplemente hay que sentirlo.
Un postulado de comunicación expresa que comunicarse está en la base de nuestras relaciones, sin ella no podríamos interactuar para darle lugar a que surjan todos los sentimientos, producto de este intercambio. Sentimientos, positivos y negativos, que van desde el cariño al amor, desde el odio a la indiferencia.
Todos nos creemos expertos en los sentimientos, porque de alguna manera los hemos experimentado. Sin embargo, como expresa el famoso estudioso del amor, Leo Buscaglia, nadie nos ha enseñado en qué consiste este ni cómo hacerlo bien.
La verdad es que si buscamos compañerismo, los amigos nos bastarán; si queremos gratificación sexual, se pueden tener los medios para tener acceso a ella y, si lo que deseamos es que alguien nos admire, puede bastar un carro lujoso o un reloj caro. Pero si queremos amor, necesariamente debemos desarrollar una relación en donde este surja. Sólo que existe un problema y es que este es un bien profundamente misterioso.
Para poder entenderlo, el sociólogo John Lee dice que hay que conocer sus variadas dimensiones. Lee, en un estudio que involucró personas de varias culturas, descubrió que el término amor tiene seis dimensiones:
Eros, o el amor sexual. Es tener un intenso deseo de intimidad sexual, fascinación por aspectos físicos de quien amamos.
Ludis, o el amor juego. Los que experimentan este amor lo ven como un juego en donde se eviten vínculos de largo tiempo y no permiten demasiada dependencia entre ellos.
Storge, o el amor compañero. El amor sin fiebre o tumulto sino más bien, un afecto de paz y encanto. Por ejemplo, los sentimientos que uno puede tener por un hermano o hermana.
Manía o el amor obsesivo. Es aquel en que las personas en una relación están en un estado constante de ansiedad. Se consume en pensamientos acerca del amado y se tiene un apetito insaciable por la atención y afecto. Se alternan entre el éxtasis cuando el amado (a) está presente y desesperanza cuando está ausente.
Pragma, o el amor realista. Es aquel en el que buscamos encajar con la personalidad, antecedentes, valores, o intereses del otro.
Ágape, o el amor altruista. Este es la forma bíblica clásica en donde el amor es paciente y gentil, que no pide nada en retorno.
En una relación podemos combinar varias de estas dimensiones que no necesariamente empatan con los de nuestro amado (a) haciéndose entonces importante tener conciencia de sus diferencias. Los amores también cambian, se renuevan y maduran. Este es el primer paso entonces para entenderlo.
La autora es periodista, Magíster en Comunicación de Southern Illinois University, y catedrática de Thomas More Universitas. Escríbale a [email protected]