- El soñado retorno de Fujimori se le vuelve una pesadilla
EFE
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Análisis Noticioso de AP
Alberto Fujimori, un político que derrochaba sagacidad y mano dura cuando gobernó Perú por una década, parece haber sido víctima de un error de cálculo político cuando llegó a Chile en noviembre del 2005, al pensar en un retorno victorioso.
El ex mandatario (1990-2000), que encarceló al líder del grupo guerrillero Sendero Luminoso, Abimael Guzmán, y enrumbó al país en el neoliberalismo, deberá enfrentar un proceso judicial en un ambiente hostil al ser el primer gobernante de la región en ser extraditado a su país para responder cargos como corresponsable de asesinatos.
Fujimori huyó a Japón en el 2000 en medio de las protestas que apresuraron el término de la década de su gobierno de mano dura, con tintes dictatoriales como el cierre en 1992 del Congreso y un cuestionado reordenamiento del Poder Judicial.
El ex presidente, de 69 años, dijo que su llegada a Chile marcaba su retorno político a Perú. Al día siguiente de su arribo, la policía chilena lo detuvo a pedido del gobierno peruano.
Su detención marcó el inicio de un largo camino, con una detención por seis meses en una instalación policial en Chile, el pedido oficial de extradición de parte de Perú, o su matrimonio por medio de una carta con la empresaria japonesa Satomi Kataoka en abril del 2006.
Fujimori, en un aparente intento por capear a la justicia, postuló en junio del 2007 al Senado japonés, y consiguió una pobrísima votación, que lo alejó más de Japón, y lo acercó demasiado a la justicia peruana.
Sin embargo, sus allegados y él vieron una luz en la penumbra cuando el juez chileno Orlando Álvarez rechazó en julio la recomendación de la fiscal Mónica Maldonado y dejó el caso en manos de la Corte Suprema, que el viernes confirmó la extradición, sellando la suerte del mandatario en Chile y abriendo un oscuro panorama para él en Perú.
“La detención y juzgamiento de Fujimori en Perú va a recordar a la gente lo que Fujimori realmente es: un hipócrita”, dijo a la AP Larry Birns, el director del Consejo en Asuntos Hemisféricos, una organización que analiza las políticas de los países de la región.
Esta visión ha sido una de las más difundidas recientemente, cuando se avecinaba la decisión chilena y que hizo lucir como indefenso a este hombre, que llevó a Perú a una breve guerra con Ecuador en 1995 y se erigió como líder del país en luchas contra la guerrilla y la corrupción.
“La extradición del ex presidente destruye el mito de un Fujimori invencible y astuto”, dijo el sicoanalista Jorge Bruce, citado por el diario El Comercio, difundiendo aún más la visión de un ex hombre fuerte, que llega al país ahora para responder por dos cargos por violaciones a los derechos humanos, un hecho inédito en la zona, y otros cinco por corrupción.
Pero si bien Fujimori llega debilitado, sus fieles seguidores ven a su extradición, al igual que él, como parte de un elaborado plan que buscó, y aparentemente es así, reducir los juicios en su contra.
“Yo establecí mi plan, pasar por acá, y hacer que se reduzca sustancialmente el número de acusaciones”, dijo Fujimori. Y de hecho, de 13 posibles cargos, tiene que enfrentar siete, pero entre estos están los dos de Barrios Altos y La Cantuta, donde murieron 25 personas en manos de militares en 1992, en su mandato.
“Fujimori es el pacificador del Perú, terminó con la guerrilla, eso debería decirse”, aseguró Martha Chávez, la ex candidata presidencial en el 2006 por el partido Alianza para el Futuro, fujimorista.
La ex congresista por esa misma bancada, Luz Salgado, no dudó en decir que Fujimori es “un perseguido político” por parte del Estado peruano, y el vocero del ex presidente en Perú aseguró que su líder podría ser sentenciado por crímenes que no cometió por la sed de venganza que hay en el país por él, que persiguió incesantemente a sus opositores, entre ellos el ahora presidente Alan García, quien pasó en el destierro en Colombia mientras duró el gobierno de quien llega como extraditado.
Fujimori ahora seguramente deberá soportar las largas sesiones judiciales de hasta 10 horas, como las que encara su ex jefe de inteligencia, Vladimiro Montesinos, quien huyó de Perú en el 2000, fue capturado y extraditado desde Venezuela en el 2001, procesado por corrupción.