En esta Serie Final ha quedado la impresión de ser más importante el antes y el después de los juegos, que los partidos mismos. Y como las pausas entre un desafío y otro han sido prolongadas —o por la lluvia o una forma extraña de hacer el calendario— hemos contado con el espacio deseado para echar andar toda la creatividad posible.
Después de los tres primeros partidos, León era el equipo de más coraje y Davis Hodgson todo un genio. Al Granada le faltaban agallas y Hubert Silva se había acobardado por la presión.
De pronto se volteó la tortilla. Granada mostró el poder en su alineación y a Silva se le encendieron los bombillos. Al otro lado en cambio, a Hodgson se le ha criticado por haber usado a Marvin Zelaya para sacar tres outs en el sexto juego, a pesar de ser el relevista más confiable de su equipo.
¿Qué ha sucedido en realidad? Que hemos estado frente a una de las series de giros más impredecibles de los últimos tiempos. A nadie se le ocurrió sospechar que León situaría contra la pared al Granada, y menos aún, que herido de muerte, el equipo sultaneco iba a ser capaz de nivelar la serie.
Y por si fuera poco, ha habido dos días extras para el descanso, provocado por las lluvias. La pregunta es a ¿quién beneficia o afecta la suspensión de los juegos?
La primera respuesta es que los Tiburones han sido beneficiados, porque tendrán disponible hoy a Julio Raudez, su estelar tirador. Y eso, junto a la inspiración del equipo, podría ser difícil de superar para los Leones.
Pero yo no veo que signifique algún daño a los Leones esta pausa. Al contrario, creo que los beneficia. Después de las tres derrotas consecutivas, es como perder tres round al hilo en boxeo y que la campana te salve, y que además haya una gran pausa porque se fregó un guante.
Como dije cuando inició la Serie Final, Granada es el favorito, pero no debe asustar a nadie que León vuelva a rugir después del aire que le han dejado tomar ahora.