El presidente iraní Mahmud Ahmadineyad advirtió este domingo que su país ya controla la técnica del enriquecimiento de uranio a nivel industrial y que no retrocederá en su programa nuclear pese a las presiones de la comunidad internacional.
“Por supuesto que no daremos marcha atrás”, declaró el Presidente a la televisión de su país respondiendo a la pregunta de un telespectador que le exigía no ceder.
“Controlamos la tecnología del enriquecimiento de uranio y hemos llegado a la fase industrial”, añadió.
“Ellos (los occidentales) hablan de imponer sanciones, pero no pueden hacerlo”, dijo refiriéndose sin duda a las advertencias realizadas este domingo por el jefe de la diplomacia francesa, Bernard Kouchner.
Kouchner, endureciendo su discurso con respecto a Irán, advirtió este domingo que el mundo “debe prepararse para lo peor”, refiriéndose a una eventual guerra contra Irán.
El ministro francés reclamó sanciones a la UE, aunque aseguró defender “negociar hasta el final” para evitar que Irán consiga la bomba atómica.
Diplomacia primero
Por su parte Estados Unidos anunció que usará la diplomacia para que Irán desista de su programa nuclear, aunque “todas las opciones están sobre la mesa”, señaló el Secretario de Defensa, Robert Gates, al advertir que una cooperación atómica de Pyongyang y Damasco sería “un problema” para Washington.
En una entrevista con la cadena Fox News, en la que trató las principales preocupaciones en materia de defensa de Estados Unidos, Gates señaló en cuanto a Irán que “siempre decimos que todas las opciones están sobre la mesa. Pero claramente, el enfoque diplomático y económico es el que estamos manteniendo”.
Descartó hablar sobre “casos hipotéticos de lo que podemos o no hacer”, al ser consultado si cabría la posibilidad de un ataque contra Irán sin consultar primero al Congreso estadounidense.
Irán niega vehementemente las acusaciones de países occidentales, de que su programa nuclear busca fabricar una arma atómica y asegura que por el contrario, tiene fines civiles.
Washington también acusa a Irán de proveer armas sofisticadas a las milicias chiitas de Irak, y a Siria de permitir que entren por sus fronteras insurgentes sunitas, ambos señalamientos rechazados por Teherán y Damasco.